Residuos, la materia prima de su creación

Juliana Correa reinterpretó su oficio hace cuatro años
Juliana Correa se siente inspirada cuando en algunas fábricas les vuelven a dar vida a los sobrantes textiles. Ese mensaje es el que quiere replicar.

Juliana Correa reinterpretó su oficio hace cuatro años. Dejó atrás las grandes pasarelas y las cambió por un taller sostenible en un cuarto pequeño de su casa.

Por: Sebastián Aguirre Eastman / sebastian.aguirre@vivirenelpoblado.com

Se cansó de ser empresaria. Sentía que esos compromisos tipo pagar nómina, revisar cuentas, ir a los bancos, le robaban su ingenio. Con Ona, la marca que creó y con la que luchó por 15 años junto a Marcela Correa, obtuvo reconocimiento público. Fue incluso nominada en algún premio importante de moda como mejor diseñadora joven, pero nada de eso le bastaba. Ella no quería nada que le quitara la paz.

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En 2015 tomaron la decisión y cerraron, aunque el registro de la marca siguió vigente. Juliana quería borrarlo todo y aprender a hacer otra cosa.

Volvió a estudiar. Se inscribió en una especialización en intervención creativa, con un objetivo personal: hacer un trabajo creativo puesto al servicio de lo social. “Entendí que mi oficio se podía acercar mucho más a la sostenibilidad”, y empezó a explorar con los residuos textiles de su anterior empresa.

Todo ese material que tenía en una bodega lo metió en un cuarto pequeño de su casa. Clóset y cajones se vieron desbordados con sobras de todo tipo y allí comenzó su etapa de creación.

Luego recorrió las plantas de producción de empresas textileras, pero no entraba por la puerta principal sino que se iba a la trastienda por los residuos.

Su insistencia halló una luz cuando hizo el trabajo de grado y lo expuso frente a profesores y compañeros. Un trabajo gráfico con estampaciones hechas a base de residuos textiles y de técnicas básicas como bordados a mano, collage y máquinas de coser, que les encantaron.

“Me di cuenta de que eso era mi alma, que no me podía separar de lo textil, y me reconcilié con el oficio con otra mirada, más social y ambiental”.

Hoy en el cuarto que le sirve de taller exhibe para sí misma prendas y accesorios hechos con residuos de bolsas de té, trapos de cocina, entre otros desechos. Con estos prepara dos exposiciones en la ciudad, una en julio y la otra en septiembre.

“Siento que hemos sido muy negligentes y le hemos dado la espalda al tema ambiental, por comodidad, por ambición de algunos, por paradigmas, porque siempre pensamos que eso le va a restar a la economía y, en cambio, suma desde cualquier punto de vista.

 

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