Zaha Hadid: Las nuevas formas de la arquitectura

Planteó una manera distinta de habitar el mundo, fluida, sorprendente, orgánica, con la variación permanente que nos ofrece la realidad. Nos recuerda que el origen ancestral de la arquitectura se halla en la experiencia vital de las cavernas primitivas
/ Carlos Arturo Fernández U.

El 31 de marzo falleció en Miami una de las figuras más trascendentales de todo el panorama cultural contemporáneo: la arquitecta iraquí, nacionalizada británica, Zaha Hadid.

Zaha Hadid
Nacida en Bagdad en 1950, estudió matemáticas en Beirut antes de trasladarse a Londres en 1972 para estudiar en la Architectural Association, la escuela de arquitectura más antigua e importante del Reino Unido. Desde los años 80 establece su propia oficina de arquitectos, pero mantiene simultáneamente una intensa actividad docente en las universidades de Harvard, Yale, Columbia, Chicago, Viena y en la propia Architectural Association de Londres.

A lo largo de su vida recibió muchos reconocimientos: en 2004 el Premio Pritzker (identificado a veces como el “Nobel de Arquitectura”); el Premio Imperial japonés en 2009; en 2010 y 2011, el Premio Stirling; y hace apenas unas semanas la Medalla de Oro del Real Instituto de Arquitectos Británicos. No por casualidad la revista Time la incluyó en 2010 en su listado de las 100 personas más influyentes del mundo.

Ante historias como la de Zaha Hadid es difícil no caer en los estereotipos de lo “políticamente correcto” y, en consecuencia, dedicarse a exaltar el valor de una mujer que logra destacarse de forma tan sobresaliente en un mundo, como el de la gran arquitectura internacional, dominado por empresas masculinas; y más todavía siendo una mujer llegada de los conflictivos países del Medio Oriente. Sin embargo, la misma Zaha Hadid rechazó siempre ese tipo de lecturas e insistió en presentarse a través de sus obras.

Y es al aproximarnos a esas obras cuando descubrimos que, en efecto, nos encontramos ante una de las figuras más trascendentales de la cultura contemporánea porque, quizá mejor que nadie, ella supo preguntarse por las relaciones del hombre de hoy con el espacio y las formas de la arquitectura.

Conviene recordar que el fenómeno “posmoderno”, generado en los años 70 del siglo pasado, fue, ante todo, una tendencia arquitectónica que, como su nombre indica, quería romper con el Movimiento Moderno, responsable del urbanismo, de los edificios y construcciones que definieron casi todo el siglo a partir de las ideas del funcionalismo y del racionalismo. En ese contexto se había impuesto una lógica basada en el ángulo recto que, en consecuencia, definía todo a partir de planos, espacios y volúmenes de la geometría más esquemática y económica posible; al mismo tiempo se entendía que todo en la construcción debía ser funcional y útil, de tal manera que quedaba descartado el uso de cualquier elemento decorativo o la creación de formas o de espacios no estrictamente necesarios. Sin que puedan tirarse por la borda los grandes aportes del Movimiento Moderno, responsable de muchos de los logros sociales del siglo 20, se debe reconocer que de aquí se deriva una manera de habitar los espacios privados y públicos, un estilo de vida y, en definitiva, una manera de entender el mundo de forma racionalista, funcional, previsible y utilitaria.

Zaha Hadid, junto con otros arquitectos “posmodernos”, plantea una manera distinta de habitar el mundo, fluida, sorprendente, orgánica, sin los ángulos rectos de la geometría euclidiana sino con la variación permanente que nos ofrece la realidad. De alguna manera nos recuerda que el origen ancestral de la arquitectura no puede buscarse en la formalización de los esquemas geométricos sino en la experiencia vital de las cavernas primitivas y lo que ello significa como integración con la naturaleza y con el establecimiento de redes sociales.

Siempre es posible buscar antecedentes. Y frente a la obra de Zaha Hadid se ha mencionado muchas veces el nombre de Antoni Gaudí, el genial arquitecto catalán, con sus casas de Barcel ona y el gigantesco templo de la Sagrada Familia. Sin embargo, también es necesario afirmar que la arquitectura de Zaha Hadid existe gracias a las nuevas herramientas del diseño y simulación estructural por computador, y habría sido imposible con las técnicas tradicionales. En ese sentido, es una manifestación evidente de las potencialidades de nuestra actual civilización electrónica.

El MAXXI de Roma (Museo de las artes del siglo 21), la Ópera de Cantón, el Pabellón-puente de la Expo 2008 de Zaragoza, el Centro Acuático de los Juegos Olímpicos de Londres 2012, el Centro Cultural de Baku, en Azerbaiyán, el Centro de Ciencia Phäno, en Wolfsburgo, Alemania, la Biblioteca de la Universidad de Economía de Viena, el Wangjinj Soho de Pekín y muchos edificios más de Zaha Hadid, lo mismo que sus diseños de objetos menores, quedan como manifestación de nuevas formas de vincularse con la realidad.

Una visita a la galería de la página web www.zaha-hadid.com/archive/ es una delicia para cualquier espíritu sensible y, tal vez, el mejor homenaje que podemos hacer a una de las figuras más altas del arte actual.
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