¿… Y qué vas a hacer en Irán?

Calle peatonal en Abyaneh. Foto cortesía
 
El siguiente texto lo escribió uno de nuestros lectores tras atreverse a vencer el miedo y visitar esta república islámica que muchos, de manera equívoca, consideran hoy un destino imposible
Por Fernando Ojalvo Prieto
 
Me propuse visitar algunas ciudades de Irán desde hace dos años, cuando en un cumpleaños alguien comentó sobre su aventura en esta república islámica. Quise entonces descubrir con mis propios ojos los velos que han impedido conocer las costumbres y rincones que guardan en silencio miles de años de cultura.
 
Fue así como un grupo de diez “valientes” amigos y familiares cercanos aceptamos derrotar los temores y viajar a esos territorios cerrados para el mundo desde finales de los 70, en el siglo pasado, cuando los ayatolas conquistaron el poder político y consolidaron el poder religioso, generando el final del régimen del Shah mediante el uso político del Islam. 
 

Bazar Orduz, en la calle del comercio en Kashan. Foto cortesía

Muchas personas y agencias ofrecían paquetes turísticos. Todos advertían sobre la imposibilidad de recibir pagos con tarjetas de crédito, pues la banca americana les tiene cerradas las puertas al mundo financiero internacional, lo que obliga a que todas las transacciones se realicen en efectivo, dólares, euros o con su moneda, el rial iraní. Esto no significó un problema pues los hoteles y agencias facilitan cualquier compromiso, verbal o escrito, para que los turistas lleguen a su país. Dichos operadores tienen relaciones comerciales con Alemania, Turquía, Georgia y con otros países del Medio Oriente que les ayudan a evitar la muerte comercial.

Mientras llegaba la fecha de irnos, estudiábamos y leíamos de economía, cultura, historia, política, mercados, educación, religión, familia, democracia y seguridad, entre otros temas que nos fueron enriqueciendo y enamorando de un proyecto turístico y cultural en el que nunca habíamos pensado.

Una semana antes de partir, nuestros amigos, colegas y familiares nos preguntaban: ¿… Y qué van a hacer en un país como Irán, que no solo está en guerra con el mundo occidental sino con sus vecinos de frontera? Con convicción respondíamos que queríamos conocer la cara que se oculta al mundo de ese territorio que participó hace miles de años del origen de las religiones y de la civilización. Para nosotros, este viaje significaba mucho más que un simple recorrido turístico.

Fernando Ojalvo, Leyla Reihane (guía), Beatriz Ojalvo, Marina Londoño, Lina Veléz, Teresita Arias, Sebastián Palacio, Jorge Ojalvo, Roberto Ojalvo. Foto cortesía

Con los tiquetes y las reservaciones, el 28 de septiembre de 2014 nueve del grupo tomamos el vuelo Medellín-Madrid para seguir a Estambul. El otro compañero tenía conexión desde la capital china a Estambul y luego a Irán. Cuando llegamos a Estambul sentimos dudas; sin embargo, seguimos nuestro destino. Después de volar 3:30 horas en una aerolínea de bajo costo, aterrizamos a las 2:30 de la madrugada en el aeropuerto Imán Jomeini, en Ahmadabad, 30 kilómetros al sur de Teherán.

Así, el viaje a Teherán, planeado para 24 horas, nos tomó 39 debido al retraso del vuelo en Colombia. Al llegar, las mujeres se cubrieron la cabeza y las partes del cuerpo que las autoridades iraníes y los pobladores pudieran considerar indecorosas. El servicio de inmigración fue lento, lo que nos dejó una primera impresión de estar en un país atrasado e inculto.

Dora Ojalvo. Foto cortesía

Al salir del aeropuerto, poco a poco fuimos descubriendo grandes autopistas en buen estado, amoblamientos urbanos con jardines, murales, escaleras eléctricas para los puentes peatonales y banderas ondeando en todos los viaductos. No obstante la hora, la ciudad estaba en plena actividad. No vimos soldados, policías u organismos de control en ese trayecto ni en los siguientes días de estancia en ese país. Empezamos entonces nuestro recorrido.

De ciudad en ciudad
Teherán es una ciudad inmensa, llena de avenidas y parques pero contaminada, a pesar de su buena infraestructura, por la cantidad de vehículos particulares y de servicio público que someten a los conductores y pasajeros a largas esperas, a veces de una y dos horas.
Para ingresar al Palacio Golestán o Jardín de las Flores no contábamos con moneda local y nos sugirieron cambiar en el mercado negro 2.000 dólares, por los que recibimos 64 millones de riales. Los iraníes comúnmente expresan las cantidades de dinero y los precios de las mercancías en “tomanes”, equivalente cada uno a 10.000 riales.

En Khashan contrastan las inmensidades del desierto y el verdor del oasis. Según relatos antiguos, fue en esta ciudad donde una estrella empezó a guiar el recorrido de los reyes magos hacia Belén, para dar testimonio del nacimiento de Jesús.

Abyaneh es una pequeña localidad reconocida como uno de los diez pueblos típicos más hermosos de Asia, otro patrimonio de la humanidad que se destaca por sus construcciones y calles empedradas que guardan la memoria de más de dos mil años.

Boutique en Shiraz. Foto cortesía

Tras recorrer más de 350 kilómetros llegamos a Isfahán, cuyo nombre significa la mitad del mundo. Fue la capital del país y hoy es la tercera ciudad en importancia. Aunque se piensa que en Irán no hay tolerancia a otros cultos, aprovechamos para conocer la catedral de Vank, su iglesia armenia más importante. Data de 1655; su estilo es una mezcla de arte iraní y renacentista italiano y su interior está decorado con pinturas que representan escenas del Antiguo y Nuevo Testamento.

Persépolis. Foto cortesía

En el centro del país pasamos por Persépolis y Necrópolis, dos ciudades de gran relevancia para la historia presente y pasada de Irán, ambas patrimonios de la humanidad.

Shiraz es del año 550 a.C. y es conocida como la ciudad de las flores y los poetas. Su entrada sorprende con una enorme cascada de agua. Allí visitamos la mezquita de Nasir-almulk, bellísima, con vitrales que parecen encendidos por los resplandores del sol que penetran a sus pasillos.

De regreso a Teherán aprovechamos para visitar el Museo Nacional de Irán. En sus colecciones se encuentran joyas que datan del periodo Paleolítico hasta el actual. También conocimos el Museo de las Joyas de la Corona de Persia, donde están las alhajas del Shah y de las dinastías anteriores.

De animales, gustos y costumbres

Por ser un país musulmán se tiene la creencia de que los perros no son animales limpios; solo se ven algunos gatos callejeros que son muy familiares con la gente. La policía es respetuosa, no es intimidante. A las jóvenes les encantan las fotografías; con espontaneidad y cierta timidez invitan a tomarse una foto con ellas para guardar en su memoria a los turistas venidos del otro mundo. Los hombres no pueden salir en público en pantaloneta o pantalones a media pierna por respeto a las mujeres; tampoco pueden usar tatuajes ni piercings. Los gimnasios, al igual que los hospitales, colegios y universidades, están divididos por género. Los jóvenes con acceso a la educación universitaria respetan las creencias de sus mayores o de sus políticos o religiosos, aunque no sean tan creyentes ni fanáticos.

La comida es rica en verduras y panes asados en horno de leña; los jugos, la carne, las sopas y el arroz son tradicionales en su cocina. El café no es bueno. No ofrecen dulces después de las comidas, su oferta es casi nula y los disponibles no son gustosos.

Este viaje nos tatuó enseñanzas, alegrías y buenos recuerdos; sin tropiezos alimentamos alma, mente y cuerpo; vivimos una experiencia que en pocos días nos dejó satisfacción y el anhelo de regresar algún día.

Ahora, cuando en los medios de comunicación hablan o dan noticias de Irán, hago otra lectura; me doy cuenta de que sus costumbres y cultura los han llevado a unirse en defensa de sus principios y de un modo de vida que les ofrece salud, educación, empleo y, fundamentalmente, armonía para vivir con decoro y dignidad.


 

Consejos para viajeros

 

* Cómo llegar a Teherán
La aerolínea Pegasus tiene varios vuelos a Teherán. Aviones nuevos y con muy buen servicio.

*Visado
Es indispensable contratar una agencia de viajes iraní. Ellos envían a la embajada de Irán en Bogotá, una carta de invitación. Cuando esa carta llega a Bogotá, se envía el pasaporte y en ocho días emiten la visa. En el pasaporte queda constancia de la visa y de las fechas de entrada y salida.

Con la visa en el pasaporte y los sellos de ingreso y salida, algunos de los viajeros posteriormente han viajado a Estados Unidos y no han tenido ninguna dificultad para ingresar a ese país.

*Agencia de viajes iraní
Usamos los servicios de Lovely Iran (info@lovelyiran.com). Su dueña, Samaneh, habla muy bien inglés y nos cumplió con todo lo que nos había indicado en el programa previo que contratamos. Le hicimos el pago del anticipo en una cuenta en el exterior y no tuvimos ninguna dificultad.
Es indispensable tener un guía que hable inglés o español. El idioma oficial es farsi (con otro alfabeto)

*Carreteras y aeropuertos
La zona del país que recorrimos, Teherán- Kashan- Isfahan- Shiraz, tiene muy buenas carreteras, incluso con control de velocidad electrónico muy estricto. Los aeropuertos también estaban en óptimas condiciones.

*Moneda
La moneda oficial es el rial. Cien mil riales son 3 dólares. Como las cifras son tan grandes, los iraníes hablan de “tomanes” y le quitan cuatro ceros a los billetes de riales. Es decir, 100.000 riales son 10 “tomanes”. Algunos billetes tienen la doble numeración pero siempre con el nombre oficial de riales, aunque ellos en su lenguaje diario siempre hablan de “tomanes”.

No existe ninguna franquicia de tarjeta de crédito, solo se puede pagar en efectivo y en riales. No se puede pagar en dólares, ni siquiera en los hoteles. Aunque existen lugares oficiales para el cambio de moneda, nosotros solo encontramos cambio en los bazares.

El guía tenia tarjeta de crédito de su banco iraní. Él pagaba con su tarjeta y nosotros le pagábamos a el con dólares

Mezquita del Viernes en Isfahan. Foto cortesía