Votar es lo mínimo

Votar es lo mínimo
Lo menos que uno puede preguntarse después de oír las denuncias que en todos los sentidos circulan en la ciudad en medio de la campaña por la Alcaldía, es qué clase de sociedad es esta en la que pasan las cosas que dicen que han hecho los dirigentes de la ciudad.
Aún si tratamos de no dejarnos ganar del pesimismo, si pensamos que por lo menos la mitad de esas denuncias son falsas, hechas solo para desprestigiar a los adversarios o para tratar de poner una cortina de humo frente a las denuncias en contra, y a esa mitad, solo por gracia de discusión, la cortamos también a la mitad, nos queda que es verdad una de cada cuatro de esas cosas horribles que se están diciendo.
Es verdad entonces que hay alianzas entre las élites del delito, la política y la economía de la ciudad, para hacerse al control de nuestro destino (de partes del presupuesto participativo, de contratos en obras públicas, de plazas de narcotráfico, de barrios para extorsionar). Los simples ciudadanos no podríamos decir cuáles de las denuncias son ciertas y cuáles son falsas, la magnitud de cada una de esas alianzas, y el cumplimiento de las partes a la palabra empeñada. Pero sí podríamos decir que esas alianzas existen, con el grado de maldad y desprecio por la vida como denuncian unos, o como simples negocios entre bandidos, no sabemos, pero existen.
Lo más grave de todo es que vivimos en una ciudad en la que pasan todas esas cosas y todos seguimos como si eso fuera una parte inevitable de la vida. En quince días serán las elecciones, y por todos lados nos dicen que no se trata de una contienda democrática entre distintas visiones de la ciudad, de sus virtudes, problemas y soluciones posibles, sino de un duelo de la sociedad contra las mafias que tratan de controlarla, y que de hecho controlan muchos aspectos de nuestras vidas (piense en todos los lugares a los que jamás ha ido ni irá, solo por miedo). Sin embargo, la mayoría seguimos actuando en el marco de la idea general de la democracia, del debate de ideas, como si todo este lío de mafias, alianzas, políticos, asesinatos, extorsiones, corrupción, y demás, fuera en otra parte, con otra gente, en otro tiempo.
Estamos listos para ir a votar, para ejercer nuestro derecho, y después casi todos para la casa… y la ciudad seguirá más o menos como viene. Esto ya lo hicimos (ir en masa a votar y refugiarnos cuatro años en nuestros asuntos privados) y el problema no se solucionó. Es de locos creer que esta vez el mismo remedio sí va a servir. No basta con votar; esa es la primera tarea de muchas. Después de eso hay que seguirle la pista al que gane, vigilar cada una de sus acciones y decisiones, involucrarse y participar de lo público. Ese es el camino del tercero al primer mundo.