Vivir en el danzar

 
 
   
 
María Isabel no se imaginó que ver un afiche de un musical egipcio hace unos 10 años cuando salía del colegio, sería la primera señal de que su vida no estaría marcada por los libros, las fórmulas matemáticas o el trabajo de oficina.
Cuando llevaba cinco semestres de biología en la Universidad de Antioquia, viajó a Estados Unidos a una capacitación con bailarines de todo el mundo, donde descubrió que su verdadera pasión era la danza árabe, para aprenderla y enseñarla.
“Cuando comencé, la danza oriental no era popular, era algo muy hermético y secreto. Yo jamás en la vida había bailado algo así, pero la cultura siempre me había gustado y fue el viaje a Estados Unidos el que me cambió la vida. Poco a poco los movimientos me iban saliendo con mayor fluidez y ahora siento que hago magia con el cuerpo”, dice esta mujer de sólo 26 años.

De hobby a su profesión
Mientras se capacitaba, María Isabel empezó a dar clases de danza en la sala de la casa de su madre. Ella misma hacía y pegaba los afiches en los bloques de la Universidad Nacional y de Antioquia, para promocionar su actividad que comenzó con dos niños y alcanzó más de 50 alumnas.
En ese momento entendió que ese era su destino, se independizó y creó su propia empresa, Academia de Danza Oriental María Isabel Ángel, que hoy cuenta con 230 alumnas.
Allí la especialidad es la danza árabe, aunque también hay programación con shows de tango, cursos, conferencias, talleres o música celta.
A pocos años de su creación, la academia se encuentra posicionada a nivel local y reconocida en el país, entre otras cosas porque organiza importantes eventos nacionales e internacionales en los que algunas de sus alumnas han podido participar, y ahora los realiza en el Teatro Pablo Tobón Uribe, algo impensado hace un tiempo. “Todo ha sido con un esfuerzo enorme y por eso hemos ganado premios”, afirma con orgullo.

Viajar, su aprendizaje
Fue el viaje a Estados Unidos en 2005 el que le abrió el panorama. Ahí decidió dejar su carrera y por eso estuvo en Bogotá recibiendo clases con brasileros, argentinos y egipcios. “Aunque estaba estudiando yo siempre pensaba en bailar. Mientras estaba sentada preparando un examen parcial, tenía en la mente viajar, conocer, leer, bailar y generar empresa”, argumenta.
Ya con su academia y experiencia, en 2007 emprendió el vuelo a un país del continente africano que encierra la cultura de la danza árabe a través de su música. “Estar en Egipto fue un sueño porque estuve en un festival muy grande con profesores de todo el mundo. Allá me capacité y entendí que cada país se apropia de la danza y genera un estilo distinto. No sabía si aplaudir o llorar porque era música que nunca había escuchado en vivo”, explica, refiriéndose a la completa gama de instrumentos que ponen en escena en aquel país.
María Isabel Ángel es una mujer descomplicada, que cuando danza muestra su mejor expresión y permite que el lenguaje corporal hable de ella, de su alegría y de su vida misma, la danza oriental. “A mi me encanta viajar porque cada ciudad o locación lo puede inspirar a uno. Estar por ejemplo al lado de un iceberg en la Patagonia, Argentina, son cosas que generan música o ideas para una escenografía. Toda mi vida gira en torno a la danza”, dice.
Sobre la receptividad del público explica que “la danza es muy apreciada por la mismas bailarinas, pero el público en general no conoce todo lo que engloba ser bailarín de danza oriental. No generamos el mismo respeto que una bailadora de ballet o de flamenco, porque la danza utiliza vestuario reducido y por eso lo asemejan con danza erótica nada más. Yo con lo que hago quiero dar a conocer una danza muy estilizada, clásica y de mucha elegancia, que sepan que esto requiere mucho entrenamiento y esfuerzo”.
María Isabel reconoce que la escena en la ciudad ha crecido, pero que la gente del común aún desconoce el sentido real, artístico, de bailar este tipo de música. Mientras tanto, ella seguirá conociendo el mundo capacitándose para fortalecer su academia, la que construyó con tanto esfuerzo y con la que soñó desde que asistió a su primer evento cuando apenas salía del colegio.