Venezolanos en El Poblado: reiniciar en una nueva patria

Venezolanos en El Poblado
Deivi Briceño viene de Maracaibo y es socio de Querido.

Venezolanos en El Poblado hay en todos los oficios: bailarines, barberos, transportadores. Unos en el rebusque callejero, otros en el emprendimiento que hasta genera empleo. Todos comparten la realidad de haber empezado de nuevo.

Por: Daniel Palacio Tamayo / daniel.palacio@vivirenelpoblado.com

Permanecer un rato en un negocio de sectores como Provenza permite verlos. Cinco y seis alcanzan a pasar, vendiendo dulces. Es solo una expresión de un fenómeno que día a día parece seguir creciendo y que encuentra alguna explicación en la cifra que dio a conocer la ONU esta misma semana: 2.3 millones de venezolanos han salido hasta ahora de ese país, a raíz de las condiciones políticas y económicas. Es el éxodo más grande que se conozca en el continente.

Toni Vitola, es uno de los voceros de la colonia venezolana en la ciudad. Asegura que en el censo realizado entre abril y junio en el país, se registraron unas 442 mil personas en todo el territorio nacional. En Antioquia son unas 21.900, de las cuales un poco más de la mitad está en Medellín.

“El venezolano que está entrando hoy a Medellín es muy distinto al de hace dos años, que era clase media, vendió sus activos en su país y por el tipo de cambio se traía un capital para vivir los primeros meses”, aseguró Vitola, al paso que indicó que los de hoy en día hacen largas travesías a pie desde Cúcuta por la falta de dinero y cuando se asientan en una ciudad consiguen en el rebusque cómo alimentarse, pasar la noche, y si sobra, enviar dinero a sus familiares.

Entre los migrantes venezolanos también hay profesionales que han podido regularizar su ingreso al país y conseguir empleo, aunque no necesariamente en su área de formación; otros han emprendido negocios como salones de belleza o restaurantes como Querido, en Provenza, Tepuy, en Laureles, o arepas de food truck en Ciudad del Río.

Testimonios de venezolanos con los que se puede cruzar en El Poblado:

Las Delicias de Anita

Ana Jaramillo es hija de un colombiano, de esos que emprendió camino al país vecino en la época de bonanza. Esa situación natural le ayudó a sacar la ciudadanía colombiana antes de salir huyendo del país por razones de deterioro económico y social.

El 22 diciembre de 2008, Ana salió con su familia por carretera desde Caracas hasta llegar a Medellín, donde se tuvo que adaptar a eso de los estratos económicos y a que su nombre no tuviera respaldo: la experiencia laboral había quedado en el otro país, al igual que su vida crediticia y nadie le prestaba un peso o le daba empleo en lo que siempre se había desempeñado.

Después empezó a trabajar como auxiliar en un transporte escolar del Gimnasio Pinares; sin embargo, el conductor y dueño del vehículo (también venezolano) no pudo continuar con la buseta “porque en ocasiones no le alcanzaba cómo pagar ni la gasolina”.

Ahora esta mujer se dedica a la creación de tortas temáticas y postres personalizados para ocasiones especiales. Su propósito es que Delicias Anita se pueda seguir expandiendo gracias al voz a voz de clientes que tiene en El Poblado y Envigado.

 

Por mejores happy birthday para Cristopher David

A la sombra de los árboles de la calle 10A con la 43D, cerca de la cancha sintética de Manila, Benita Miquilena, se turna con su nuera para cargar a su nieto, Cristopher David. A veces mecen al pequeño de 10 meses y le van enseñando a balbucear y aplaudir para cuando llegue su primer cumpleaños.

Esta familia llegó a Medellín desde Valledupar, su primera parada del viaje que iniciaron en Zulia. En esa ciudad venezolana Benita trabajaba con una hermana en una tienda con la que obtenía su sustento, por lo menos, mientras la economía era viable en ese país.

Ahora llegaron a la ciudad buscando más oportunidades de empleo, por eso pasa horas entre los carros de ese semáforo con un letrero solicitando una oportunidad laboral.

“Yo porque no tengo documentos completos, pero la gente nos ha apoyado mucho”, dice la mujer quien asegura que ya le han llegado ofertas de trabajo por algunos días realizando oficios del hogar.

 

Desde Maracaibo hasta Querido, en Provenza

“Hace tres años éramos de los pocos venezolanos en Medellín. Hoy me sorprende, y me duele, verlos pidiendo ayuda en la calle”, dice Deivi Briceño, 41 años, y oriundo de Maracaibo.

Con otros socios abrió en 2015 las puertas del restaurante y hostal Querido, que actualmente genera 22 empleos (10 en el restaurante y 12 en el hostal); personas, que según dice, se han convertido como en su familia ampliada, pues sus seres queridos siguen en el país vecino y aunque “están como en una burbuja, siento nostalgia de ver en los ojos de la gente que queda ese esfuerzo extra que están haciendo”.

Deivi tardó 6 meses tener los documentos en regla. Primero trabajó con la comercialización de textiles y luego de cursar estudios en la escuela Gato Duma, en Bogotá, se aventuró en el mundo gastronómico y turístico, en el que, asegura ha recibido grandes satisfacciones. En uno, tiene calificaciones superiores a 9 puntos por parte de sus huéspedes y en el otro, con cada pedido recuerda que “del otro lado hay alguien deseando algo de Querido”.

Eso lo anima a seguir adelante con su hostal y restaurante, pese a que ha visto abrir y cerrar decenas de negocios en la misma zona; está seguro de que el suyo le permitirá seguir su vida, porque es un proyecto “que viene del corazón” y no solo de subsistencia.

 

El Chamo

Índigo Alejandro Castillo llegó a Medellín desde Caracas, atraído por ser esta una meca de artistas y ciudad de grandes cantantes: Juanes, J. Balvin, Maluma… En Venezuela nunca se pudo dedicar a ello, por eso vio en la crisis una oportunidad para realizarse profesionalmente. Ahorró un buen tiempo hasta que pudo conseguir sus pasajes.
El Chamo, como lo conocen algunos comerciantes en la zona del parque de El Poblado, canta en discotecas de la ciudad. “Soy un músico integral”, dice para referirse a que es capaz de desenvolverse en cualquier género.

Este joven también reconoce que cuando no hay contratos, le toca llegar al rebusque como vendedor ambulante, aunque no le molesta: “no estoy buscando algo formal, yo ando de informal porque manejo mis tiempos y el dinero”, asegura El Chamo, quien dice que trabajando en las calles con los turistas puede sacar provecho de su dominio del inglés.