Urbanizaciones dan ejemplo en reciclaje

Fuera de las discusiones que se puedan plantear para colaborar, ya hay en El Poblado algunas urbanizaciones que están, de forma organizada, ayudando con un grano de arena que cada día se convierte en una bola más grande.

Esta idea es el reciclaje en las copropiedades, que logra beneficios no sólo en el cuidado del medio ambiente, sino que genera beneficios económicos, sociales e incentivos económicos para los implicados directamente en el proceso.

Leidy Henao, quien administra 11 copropiedades, empezó en 2004 el proceso en Tordesillas luego de una disposición del Área Metropolitana que daba luz verde para su implementación. “Lo primero que hicimos fue contratar una empresa para que nos asesorara con capacitaciones para las personas en el manejo de residuos reciclables.

La expectativa en esta unidad residencial era colaborar con el medio ambiente, y de repente se empezaron a ver otros beneficios. El más palpable fue la reducción en el pago mensual de tasa de aseo a Empresas Varias, que se empezó a cobrar por cantidad de basura (teniendo obviamente en cuenta los cargos fijos). De esta manera, en 2005 pagaban 37.000 pesos por apartamento y hoy en día la cifra sólo llega a 10.000 pesos en promedio.

En la urbanización Nairobi, que también administra Leidy Henao, se empezó a implementar en 2009 con resultados igualmente positivos. Primero que todo se logró en un año rebajar la tasa de aseo de 27.658 pesos mensuales por apartamento a 13.175 este año, una reducción de 14.483 pesos, que si se mira en el contexto de los 50 apartamentos, muestra una disminución interesante para los propietarios.

Además, los trabajadores de oficios varios salen ganando con la implementación de estas prácticas de manejo eficiente medioambiental. Tal es el caso de Darío Villa, quien recibe un incentivo, al igual que su compañero, por ser los encargados del correcto funcionamiento del sistema en esta copropiedad.

“Todos los días vamos a los ‘cuartos de escobas’ donde los propietarios depositan los periódicos, los cartones, las botellas, las latas, el papel y todo lo que sea reciclable, y lo bajamos para luego venderlo a los recicladores. Así nos ganamos una pequeña entrada extra para los pasajes”: así expresa Darío Villa el trabajo que realiza diariamente con un compañero y en el que alcanzan a recoger cerca de 10 kilos de vidrio e igual cantidad en periódicos, sin contar con otros materiales reciclables.

Esta labor, que también incluye revisar lo que llega al shut de las basuras, ha logrado disminuir de 5 a 2 la cantidad de contenedores que deben ser trasladados desde esta urbanización hasta los rellenos sanitarios.

El reciclaje se convierte así en una alternativa para que las personas cuiden el medio ambiente, las copropiedades puedan utilizar recursos adicionales que no tienen que ser gastados en el manejo de las basuras, y de paso les da una pequeña entrada adicional a los trabajadores de oficios varios. También se le da mucho más empleo a los recicladores de una manera organizada y en algunas urbanizaciones significa una reducción en su cuota de administración.

Reciclaje vegetal, otra alternativa
Luego de la implementación exitosa en muchas de las copropiedades de estos planes de reciclaje organizados, se pensó que en algunas urbanizaciones, sobre todo las de mayores áreas totales, se podría implementar un paso más en la línea del aprovechamiento de estos residuos.

En Santa María del Bosque hicieron propio el llamado y a través de su administradora, Birmania Castro, lograron desarrollar un sistema en el que se aprovechan plenamente los remanentes en hojas, ramas, y otros materiales vegetales que emanan de los imponentes 2.350 metros cuadrados de área total, en su mayoría de zonas verdes.

“Aquí en sólo hojas recogemos diariamente cinco o seis bultos, y lo que hicimos fue llevar todo ese desecho de jardín para convertirlo en tierra de abono en unas compostelas que constan de dos cajones en los que se compacta todo el material y en un mes tenemos abono para el mismo jardín y para que las personas que tengan sus matas propias vengan y lleven lo que necesiten”, explica la administradora de Santa María del Bosque.

Pero los beneficios van mucho más allá: Castro manifiesta que una urbanización de estas dimensiones necesitaría comprar anualmente cerca de cuatro volquetadas de tierra de abono a un costo de un millón 200 mil pesos en total. A este gasto se sumarían los 140.000 pesos que semanalmente se deberían pagar para que una empresa particular, o Empresas Varias directamente, se encargue de botar estos desechos.

“Estas compostelas las tenemos hace tres años e imagínese el ahorro que ha significado para nosotros su implementación. Si tenemos en cuenta que las compostelas tuvieron un costo de 900 mil pesos, nos damos cuenta que en sólo un año libramos la inversión y todo este tiempo ha sido ganancia”, concluye la administradora Birmania Castro.

Es así como esta urbanización con sólo un bulto de cal de 20 mil pesos, transforma estos desechos en tierra en sólo un mes y convierte este beneficio ambiental en una posibilidad para dar empleo y generar ahorros para las finanzas de la administración.