Una sonora receta

Una sonora receta

/ Jorge Vega Bravo
Uno de los pilares del tratamiento de las enfermedades graves en muchos países es el arte. Las terapias artísticas se abren camino en los grandes hospitales de Europa y USA y en centros terapéuticos de Brasil, México, Chile y Argentina. Entre nosotros empiezan a recorrer un lento camino y ya hay movimiento para la formación de terapeutas artísticos. La música ocupa un lugar importante en el campo de la prevención y el tratamiento de muchas enfermedades y podemos decir que genera salud y bienestar. La música tiene la capacidad de armonizar nuestras emociones y de actuar sobre la relación del alma con otros niveles del ser humano. La música es salutogenética.

El concepto de Salutogénesis fue acuñado por el sociólogo médico Aaron Antonovsky (1923-1994) (Cfr.: ‘Salutogénesis’ en edición #460 de Vivir en el Poblado)

La Salutogénesis aporta a la  medicina actual un conocimiento científico de las fuerzas de autocuración del organismo. En el segundo septenio (7-14 años) se consolida el cuerpo vital con cinco aspectos claves: 1. Las “buenas costumbres”: horas regulares para comer y dormir, alternancia entre trabajo y juego. 2. Prácticas artísticas regulares: pintar, cantar, danzar, tocar un instrumento. 3. Los actos rituales: consagrar los alimentos, dar gracias al final del día. 4. Vivenciar “totalidades” como paisajes, obras musicales o arquitectónicas. 5. Cultivar la veracidad.

El cuerpo vital es el portador de la capacidad de autocuración. Cuidarlo y mantenerlo es la mejor manera de prevenir la enfermedad.

Escuchar buena música e interpretarla son actividades sanadoras. Asistimos en Medellín a un gran despertar de la actividad musical en todos los géneros; esto activa cambios en nuestra sociedad. La música culta o clásica está dejando de ser elitista y se extiende a nuestros barrios y comunas mostrando a niños y jóvenes otras opciones profesionales y humanas. Medellín tiene cuatro orquestas sinfónicas, dos de ellas juveniles: La Orquesta Sinfónica Juvenil de Antioquia, dirigida durante 10 años por el inolvidable maestro Paul Fischler y ahora por el joven violinista Camilo Giraldo, y la Orquesta Juvenil de la Academia Filarmónica de Medellín, dirigida por el maestro Alejandro Posada y directores invitados. Asistimos con asombro al primer concierto de temporada de la Filarmónica juvenil, bajo la dirección del violinista español Gonzales-Monjas y vimos una orquesta con gran presencia en el escenario, con un sonido compacto y respondiendo con seriedad a las exigencias planteadas por el excelente y joven director.

La programación de las orquestas juveniles y de las dos orquestas profesionales -la Sinfónica de Eafit y la Filarmónica de Medellín- está a la altura de cualquier ciudad del primer mundo. La temporada de música clásica del Teatro Metropolitano es excelente. La Orquesta Filarmónica de Medellín está cumpliendo 30 años y tiene un programa de lujo para estas efemérides. En marzo vamos a escuchar con la orquesta al renombrado violonchelista mexicano Carlos Prieto. El 10 de abril, fecha del primer concierto en 1983, la orquesta va a tocar el programa interpretado hace 30 años. Y en mayo 21 escucharemos, con la Filarmónica, a uno de los mejores pianistas del mundo contemporáneo: el chino Lang Lang. Estimados lectores, me permito recetarles un concierto: la oferta es variada, numerosa y deliciosa.
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