Una idea de propósito como sociedad

     

    Una idea de propósito como sociedad

     

    Eliminar la pobreza, el gran ideal

     

    Algunos temas circundan la ciudad esta quincena y, lejos del ruido de las complicaciones de la política nacional, que seguramente, y por cuenta de los propios implicados, muy pronto empezarán a salpicar a muchos conocidos, damos cuenta de varios hechos que merecen una reflexión aparte en este momento que se inicia el último mes del año.

    Como asunto más relevante de esta quincena está el hecho de que el Concejo Municipal aprobara el presupuesto municipal. Esto no es nada nuevo, pues como de todos es sabido, esta es la última tarea que tiene este ente cada año. Lo importante de lo que ocurrió este año y que esperamos marque la línea de lo que será el futuro, es de la composición de este proyecto.

    Por primera vez en Colombia un municipio destina un poco más del 80 por ciento de su presupuesto a la inversión social. Educación, obras públicas y salud se llevarán el próximo año el 62.11% del total de las arcas municipales, el restante 16% se destina a Presupuesto Participativo. Un compromiso muy importante porque aquí pueden presentarse grandes desilusiones en las comunidades. Las respuestas son rápidas pero los resultados de inversiones como las de educación no se ven de un año a otro, son procesos que deben continuarse, igual con muchos otros aspectos del presupuesto.

    Somos partidarios de que un tema tan delicado y dispendioso como el financiero y que en el mundo del presupuesto de las ciudades se revuelve con política, sea tratado abierta y públicamente, pero no estamos de acuerdo en muchas de las inversiones que se le asignan, vía presupuesto participativo, a las comunidades. A este rubro se le destinan más de 70 mil millones de pesos (casi el 16% del presupuesto de inversión de la ciudad) y, la mayor de las veces, se destina a asuntos que deben atenderse vía presupuesto ordinario. Mantenimiento de vías, atención a tercera edad, construcción de aceras, parques públicos, escuelas, son en su mayoría las solicitudes de las comunidades. Año tras año, los mismos líderes, pidiendo las mismas cosas y, qué pena tener que decirlo, botando la plata. Este punto habría que remediarlo, tal vez dándole esa función a las Jal, tan sin oficio pero que de esta manera podrían canalizar esas inquietudes de la comunidad en un asunto que a la larga pueda integrarse a proyectos que el Departamento de Planeación pueda articular coherentemente.

    Secretarías como la Bienestar Social deberían tener un mayor presupuesto. Su tarea es fundamental para lograr muchos de los objetivos de otras secretarías como las de Educación y Salud, por ejemplo.La atención a los más pobres no debe mirarse solo como un asunto de auténtica justicia y un deber de quienes estamos, temporalmente, en mejor posición, sino como un gran negocio para la ciudad. ¿Cuánta inteligencia y cuánto talento se desperdician en las garras del sacol o del hambre? Por eso, reorientar parte del presupuesto para ampliar la cobertira de esta Secretaría, es vital para Medellín.

    Repetiremos hasta el cansancio una frase que vista positivamente es supremamente elocuente, “no hay nada de digno en la pobreza como para mantenerla”. Es nuestra tarea, la de todos, construir una ciudad donde no haya campo para la miseria.