Una huella contra la pólvora

Nieve, la perrita de Natalia Echeverri, fue la primera en firmar en la Huellatón. Hoy la invitación es a que todos pongamos un granito de arena.
Alma tiene tres años; Nieve nueve.

Nieve, la perrita de Natalia Echeverri, fue la primera en firmar en la Huellatón. Hoy la invitación es a que todos pongamos un granito de arena.

Por Juan Pablo Tettay De Fex / juan.tettay@vivirenelpoblado.com

Natalia Echeverri todavía recuerda la noche en que Nieve, su primera perrita, conoció los estallidos de la pólvora. Le vio el miedo y la incertidumbre en la mirada. “Se notaba que no sabía qué era. Ella quería esconderse, corría por todos lados y no sabía qué hacer”. Ese día fue un punto de quiebre.

Natalia Echeverri creció junto a su familia en Envigado. Diciembre era sinónimo de voladores, “tanto que el sonido que producen en el aire era lo que nos decía que iniciaba la fiesta”. Para ella, crecer con esta presencia cada Navidad era normal y nunca se había detenido a pensar lo que los estallidos generan, no solo en los perros, también en los pájaros, en las yeguas y en la fauna en general. Ahí fue cuando decidió decirle No Más a la Pólvora.

Antes, había trabajado como representante de Comunicaciones del Área Metropolitana -entidad en la que laboraba- en la Mesa de Pólvora de la Alcaldía de Medellín. “Dije que yo no era la persona indicada”. Pero el reto era ese, hablarles a personas que, como ella, no entendían un diciembre sin un volador.

Años de conocimiento y la experiencia con Nieve le hicieron entender y hoy está al otro lado. “Soy muy radical con eso”, confiesa.

No fue raro entonces que cuando apareció la campaña de la Huellatón hace ya cuatro años se convirtiera en abanderada. “Nieve fue la primera perrita que firmó”, cuenta. Y después recorrió la ciudad entera buscando animales (y propietarios) que se comprometieran con la causa. Cada firma era, además, una excusa para hacer pedagogía, para explicar por qué la pólvora es perjudicial para la fauna.

Hoy, a Nieve la acompaña Alma, una perrita que Natalia rescató de un albergue en Hispania y a la que tuvo que operar cinco veces. El tiempo les ha enseñado a reconocer los estallidos de la pólvora. “Pero todavía se les ve la angustia, siempre me buscan el lado para sentirse seguras”. Algo que no debería suceder. Por eso, Natalia invita a decirle No a la alborada y a la pólvora y, más bien, a pensar un momento en lo que sufre el medio ambiente con su uso y abuso.