Una ciudad en la ciudad

Una ciudad en la ciudad
Ciudad del Río es uno de los desarrollos urbanísticos más significativos de Medellín en las últimas décadas. Pertenece al barrio Villa Carlota, pero tiene vida propia

No ha pasado mucha agua bajo los puentes. Hace cinco años, cuando se iniciaron las primeras demoliciones, pocos tenían la sospecha del efecto que el proyecto Ciudad del Río tendría sobre el barrio Villa Carlota, en el Poblado, y sobre la ciudad. Aún ahora, cuando el conjunto residencial y comercial es parte activa y protagónica de nuestra vida diaria, es difícil calcular la importancia que tendrá ese centro urbano cuando llegue a su completo desarrollo. Solo empezaremos a apreciar esa influencia dentro de veinte años, cuando espacios que hoy ocupa el sector industrial empiecen a darles paso a las últimas etapas, y los trescientos mil metros cuadrados del proyecto tengan una vida activa.
En el centro del proyecto está la vivienda. Los primeros habitantes de esta ciudad dentro de la ciudad ya gozan de un espacio donde la calidad de vida resulta una prioridad. Los conjuntos de apartamentos Parque Central y Torres del Río, han sido el motor para el desarrollo del sector. Allí han llegado los visionarios, aquellos que entendieron desde el principio la filosofía del proyecto y las ventajas de una ubicación para la que cualquier sitio del Valle del Aburrá parece cerca. Para este mes de febrero está prevista la entrega de los apartamentos de la primera torre del tercer proyecto residencial, el conjunto Plaza del Río. Cuando las siete torres de ese proyecto estén concluidas, en abril de 2014, Ciudad del río tendrá un estimado de mil quinientas unidades residenciales. Pero eso es solo el comienzo. Otras secciones del sector están esperando la llegada de inversionistas que se sumen a esa ciudad donde vivir bueno parece ser la consigna.
Alrededor del núcleo residencial, se levanta una nutrida oferta comercial. La idea es que nadie tenga que ir muy lejos de donde vive para encontrar lo que necesite. Ahora mismo se construyen un hotel para ejecutivos, una clínica y un centro empresarial. Todos esos proyectos vendrán a sumarse a los bancos, restaurantes, almacenes, laboratorios y centros médicos que ya están al servicio de los nuevos ciudadanos. Cuando Ciudad del Río esté completa se verá rodeada por un cinturón comercial donde el único problema será escoger entre lo variado de la oferta.
Las oportunidades de recreación son una condición básica en un proyecto de esta magnitud. Además de las piscinas, gimnasios y centros sociales que ofrecen las unidades residenciales, Ciudad del Río se construye con la conciencia de que las zonas verdes son fundamentales y deben estar al servicio del público en general. El parque lineal Ciudad del Río ya tiene vida propia. Es posible verlo lleno de gente joven, deportistas, personas mayores, amigos que están de picnic, mascotas que sacan a pasear a sus dueños y parejas de enamorados reinventando el amor. A medida que los nuevos proyectos se materialicen en Ciudad del Río, nuevas zonas verdes vendrán a formar parte del sector.
Pero sin duda el alma de la Ciudad del Río es el Museo de Arte Moderno. Hubo un tiempo en que el centro de las urbes lo ocupaban las iglesias. Aquí el arte ha asumido la tarea de salvaguardar el lado trascendente de la vida. Con su programación variada, sus películas, conferencias y talleres, con exposiciones que conmueven y sensibilizan, como la actual retrospectiva de Beatriz González, el Museo de Arte Moderno es uno de los espacios desde donde nuestra sociedad recuerda y asume que el respeto por la vida es su prioridad.
Un proyecto como este también supone retos a gran escala. La seguridad es uno de ellos. Es preciso que se entienda que es responsabilidad de todos evitar que el crimen controle nuestras vidas. Ciudad del Río es también una oportunidad para proponer nuevos modelos de ciudadanía donde la apatía y el miedo no sean la norma.
Cuando se observa el desarrollo de este nuevo centro de la ciudad, cuando se observan los alcances que tendrá con los años, se tiene la sensación de que en Ciudad del Río todo está bien hecho. Sólo parece faltar algo. Que la ciudad del río tenga una relación viva y verdadera con el río. Pero esa será una tarea que tendrán que asumir los ciudadanos de un futuro que ojalá no sea lejano.


Así nació la nueva Ciudad
Ciudad del Río está ubicada en lo que para 1938 era la finca Las Playas. En ese año, la empresa Siderúrgica S. A (posteriormente llamada Simesa), se instaló en estos terrenos. En 1944 adquirió los Talleres Robledo y los trasladó para el mismo sitio, exactamente donde hoy queda el Museo de Arte Moderno de Medellín. Más tarde, a mediados del siglo pasado, en el área surgieron otras empresas como Erecos y Holasa.

A finales del año 2000, Simesa se escindió, creó Valores Simesa y, en 2004, empezó el Plan Parcial para la gran Manzana de Simesa, conformada también por terrenos de Holasa, Cartón de Colombia y otras empresas menores. En 2006, el Plan fue aprobado por la Administración Municipal, y en 2007 empezó esta construcción que ha cambiado la cara de la ciudad y la manera como sus habitantes se relacionan con ella.


La recuperación del río
La recuperación del río Medellín como espacio social y recreativo ha sido tema obligado por generaciones. Cada época ha traído sus propias iniciativas y las ha visto languidecer, en medio de la dificultad para fijarnos y cumplir metas a largo plazo. Hace cuarenta años se decía que, para finales de los años ochenta, el río estaría limpio y sería un escenario central de la vida de la ciudad. Esa propuesta desapareció como desaparecen los vaticinios equivocados de las novelas de ciencia ficción.
Llegó el siglo veintiuno, pasó de largo la primera década del siglo, y seguimos en las mismas: de espaldas a un río que podría darle a la ciudad un atractivo y una calidad de vida de los que podríamos disfrutar y enorgullecernos. El surgimiento de proyectos urbanísticos como el de Ciudad del Río vuelve a recordarnos la tarea inconclusa que tenemos como sociedad. Una ciudad que no para de crecer, necesita un constante desarrollo en materia de espacios para la recreación, el descanso y el contacto con la naturaleza. Un río recuperado, con su larga extensión de riberas, podría ser esa solución que seguimos negándonos a considerar.


Ciudades con río
Es difícil imaginarnos a París sin el Sena. El río donde fueron arrojadas las cenizas de Napoleón es una serpiente de agua que mantiene una relación directa con los principales espacios de esa ciudad: la torre Eiffel, la catedral de Notre Dame, el Museo de Louvre.

Un paseo por las orilla del Sena siempre depara sorpresas. Allí están los vendedores de libros viejos, los artistas buscando que se reconozca su genialidad. Allí están las embarcaciones cargadas de turistas.
Tampoco sería posible concebir a Londres sin el río Támesis. Los principales centros religiosos, políticos, económicos y culturales están en las orillas de ese río: el Parlamento, el Big Ben, la catedral de San Pablo. Un café, a la orilla del Támesis, trae a la vez descanso y una inagotable variedad de situaciones humanas.
Muchas ciudades han hecho de sus ríos el centro de su vida. Nueva York tiene el Hudson y los demás ríos que rodean a Manhattan. Boston tiene el río Charles. Sevilla tiene el Guadalquivir. Medellín tiene… Esperamos cubrir algún día la noticia de que Medellín ya tiene un río.