Una canción de la vida

 
Por: José Gabriel Baena
Lin Yutang fue un sabio chino, novelista y poeta, que durante toda su existencia (siglo 20) se empeñó a darle a conocer a Occidente lo poco que pudo de la sabiduría oriental de más de 7 mil años. A propósito de la reciente partida de Julio Posada, director de este periódico, hacia otros cielos remotos, ¡recordemos a Yutang y oigamos música en honor de los viajeros!
El tiempo discurre como el río: no vuelve. Come, pues, hombre, hasta siendo viejo. Aprende hasta siendo viejo. Levantarse temprano es como ganar un día. El tiempo vuela como una lanzadera. La luna no siempre es redonda, las plantas no siempre florecen y los hombres no siempre se entienden. Barre la nieve delante de tu puerta y no te fijes en la escarcha del tejado del vecino. Bebe mucho pero bebe menos, habla menos, una herida puede ser curada con palabras, pero también las palabras pueden cortar como un cuchillo. Cuando salgas, mira al cielo; cuando entres en una casa, mira los rostros. Pronto se secan los juntos adornados y se anegan las barcas en el juego del agua. Los padres plantan un bambú, los hijos disfrutan de la sombra. Los sáuces frágiles se inclinan y preguntan: ¿por qué tanta prisa, tú, hombre orgulloso? ¡Cuántos tomaron la senda de la gloria para acabar como la flor de un día! ¡Cada vez que llegaba a estas riberas, el sáuce amigo y yo más viejos éramos! Las estaciones sin pausa se suceden; cantan gallos y a vísperas nos tocan; parten uno tras otro los vecinos… Excava, pues, tu hoyo entre los grillos. Cuando estuve mal vino mi amigo a consolarme, y hoy lo he visto arder entre las llamas. Aprende la lección que esto te enseña: ¡toca el laúd y bebe el fuerte vino! Pasajeros de no sabemos dónde, no digamos que somos de un lugar. Yo estoy bien donde encontrarme pueda, pues flores por doquier encontraré. ¡Qué fértiles los campos de este valle! ¡Tuyo será lo que otros cultivaron! Mas no te alegres tanto, principiante, que ya detrás de tí su turno esperan. Tu bastón toma y saca tu zurrón. Es hora que a los montes te retires. Oigo al cuco que canta en las alturas. ¿Negocios? ¿Qué negocios? No te atrases. Cuando bebes no cuestan las sonrisas y te olvidas de maldades y de entuertos. Por fin sé cómo son de desdeñables la ambición y el saber sólo de libros. Nubes y nubes ante mí se extienden; Dios tiene el mar y tengo yo un anzuelo. La pierna estiro en lechos imperiales. ¿Qué pueden importarme los honores? Echa las redes en mitad del río, mientras tu amigo con otra caña pesca. Cambia después la pesca por buen vino, y remando véte a casa entre la lluvia. Esta es la vida, doce pies de campo, junto al lago, casa a la sombra de un buen pino fragante. Un simple lecho, un banco, libros en los estantes, desgreñados, y un jardín medio podado aquí y allá. Con ropa fresca, deja tus pies descalzos, vete a jugar al río, dáte tus buenos tragos. Cena con un buen pan, anda al lecho temprano. Si alguien te llama, díle: “Ya está la luna en alto”. Si tienes penas, bebe, amigo mío. La luna te dará su propio néctar. También yo beberé, conversaremos, dejemos a los cielos el mañana. ¡Clara luna sin mancha! ¡Noches de plata! Si has de llenar tu copa, calla al hacerlo. No luches por la fama ni por la veloz riqueza: sueño fugaz, mero destello, vuelo de sombra… ¿Quieres decirme qué es el saber, amigo? ¡No desdeñes lo inocente ni lo simple! Cuando vuelvas a casa después de un largo viaje, tráe contigo sólo el recuerdo de las nubes y un buen jarrón de vino. ¿Quieres saber el secreto de mi dicha? Mira los peces que se nutren en la aguas. Yo me nutro con la luna y con las flores, amables charlas, el aroma del incienso, lecturas sabias. ¡Y un buen chaparrón en el verano! Buenos amigos en torno a un té caliente, chistes inteligentes y un buen genio. Barre tu patio pero deja musgo en los rincones, hojas y flores donde sueñen las hormigas. Dulce y feliz hogar del mundo separado, que tu contento sea que nada fugaz persigues, nada vano, nada ambicionas ni de sombras vives: basten para tu dicha las hojas amarillas de tus libros, las flores de tu prado, la única tonadilla de los Beatles que te sabes en el piano: “Imagina!” Gato que nace al mundo cada día, y bajo el sol su panza despeluca. Un corcel celestial cabriola en el azul, y todos los gatos del mundo lo sabemos: el arte de la fuga es el mejor. (Selección de poetas chinos de diferentes épocas).

Piden solución de fondo
Tras las continúas quejas de comerciantes, clientes y residentes, fundamentadas en ocasiones en el interés particular de cada uno, la Secretaría de Transportes y Tránsito decidió hacer visitas en las carreras 33, 34, 35 y 36, con la participación de la ciudadanía allí implicada para concertar soluciones que beneficien a todos.
Según Amparo Gaviria, Presidente de la Junta de Acción Comunal Poblado Centro, “yo asistí a las visitas de la 35 y 36 y quedé sorprendida por la forma amigable como la gente llegó a aportar sus ideas. Aunque todos tiraban para todos lados, llegaron a un consenso para que hubiera armonía en el sector y que la parte comercial se reactivara. Yo creo que en esas carreras quedará solucionado el problema”, dijo.
La Subsecretaría Técnica del Tránsito adelantó que después de los recorridos se encuentra analizando cada caso para tomar decisiones. Por las conversaciones durante las visitas, se ha hablado de crear una figura para hacer efectiva la Zona Blanca con una hora gratis de estacionamiento, y si se pasa, debe ser pagando, buscando rotación para que tanto residentes como clientes de los locales tengan opción. Dicha medida comenzaría con las carreras 33, 35 y 36 en un horario por definirse, ya que en la 34 aún se analizan ciertas sugerencias de las personas.

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