Una campeona del patinaje con el deporte y el estudio alineados

Luisa María Agudelo, campeona mundial en mayores, escogió el patinaje como deporte a una temprana edad. Desde los cuatro años está dedicada a rodar en patines en línea, y desde 2000, (año en el que empezó a competir a nivel nacional), tiene un objetivo en mente, llegar tan lejos como pueda patinando, mientras asegura su carrera como ingeniera de producción. Si el destino lo permite, posiblemente terminar dicha carrera o hacer un especialización en Italia, país que la enamoró en uno de sus viajes de competencia. Pero para Luisa los resultados no son cosas del destino, por eso ya empezó con las clases de italiano.
Con solo 20 años es curioso ver una persona tan disciplinada en ambos aspectos de su vida. Antes la rumba o pasar tiempo con los amigos, ella mantiene el norte, con la claridad de que patinar y estudiar son sus prioridades. “Trato de llevar las dos cosas lo mejor que pueda” dice Luisa para luego explicar los intensos detalles de su rutina semanal.
De lunes a sábado madruga a las 5:00 a.m. para ir a clase o a entrenar. El entrenamiento de las mañanas consiste en dos horas de bicicleta o de gimnasio para fortalecer los músculos. Luego en las tardes trabaja otras dos horas en patines. El resto del día se lo dedica al trabajo de la universidad, y así pasa la semana, solo descansando el domingo. Como Luisa compite en carreras de fondo, tres veces a la semana debe desarrollar su resistencia con series de 10 kilómetros, los otros días entrena velocidad para ser una deportista integral. En las carreras, puede recorrer entre 10 mil y 20 mil kilómetros.
En cuanto al entrenamiento mental, Luisa cuenta con el apoyo familiar y de un psicólogo para no permitir que el estrés la afecte. Pero el acompañamiento fundamental para la preparación emocional, y física, se lo brindan dos entrenadores.
Uno de ellos es el entrenador oficial, Ivan Vargas. El otro es Andrés López, preparador físico de patinaje con quien Luisa no solo trabaja sus habilidades en patines, sino con quien ha entablado una buena amistad: “A él le debo demasiado, en lo deportivo y en la confianza en mí misma” dice Luisa. En los siete años que llevan trabajando juntos, los resultados de los últimos tres años han sido los más significativos, pero ella no lleva la cuenta de medallas ni títulos. Probablemente sea el elemento de confianza y cercanía lo que convierte a Luisa y Andrés en un buen equipo. López está seguro de que es así, “después de tantos años trabajando juntos y de vivir tantas experiencias, ya sé qué cosas puedo decirle para que responda”. Cuando ella se pone ansiosa, él le recuerda que debe concentrarse en la tarea que esté haciendo. En las carreras, su mente debe estar fija en las posibilidades de ganar y cómo ganar, acumular puntos, o en las estrategias definidas para cada evento, como quedarse atrás hasta cierta vuelta o cuando pasar adelante. La filosofía, según el preparador, es tener paciencia con los malos momentos y humildad al ganar. López cree que gran parte del éxito es la determinación de esta joven, a quien puede pedirle cualquier imposible y ella lo intenta, siempre con mucha confianza en el entrenador. Sin duda este es el fan número uno de Luisa, “en todo el tiempo que llevo de entrenador, ella ha sido mi mejor alumna”.
Su madre, Ligia Jaramillo, también está en primera fila para animarla. Obviamente es una mamá orgullosísima, convencida de que todo lo bueno que le llega a Luisa es la cosecha de lo que ha sembrado durante los años, “un premio a tanto esfuerzo”, y dice esfuerzo por que no ha sido fácil. Cuenta Ligia que la competencia es dura, y que otros deportistas, también muy buenos, nunca faltan. Ligia las acompaña, a Luisa María y a su hermana menor, quien también compite en patinaje, a los entrenamientos, viajes y competencias, siempre pendiente de lo que necesiten, incluso bajarle la intensidad al entrenamiento o al estudio para que haya equilibrio. La disciplina de Luisa María la sorprende, aunque admite que “todos hemos puesto un granito de arena, la formación en la casa, el colegio y ella misma,” para resultar en una persona dedicada y juiciosa a tan corta edad.
La dedicación no da pie para las vacaciones, por lo menos nunca en el patinaje. Puede bajarle el ritmo durante las fiestas decembrinas, pero retomar la rutina es mucho más difícil. Esa fuerte disciplina está motivada por la conciencia de que hay que luchar por las cosas que se quieren tener. No siempre es fácil, pero cuando no tiene ánimos de madrugar o entrenar, piensa en los resultados que ha tenido y los que puede llegar a tener, “las cosas logradas son gratificante y me motivan a seguir haciéndolas y mejorando”. Y es esa una de la razones por las cuales admira al patinador belga Bart Swings, y en general a las personas que compensan contratiempos o carencias con trabajo duro y compromiso, a las que las cosas no les resultan facilísimas, y aún así logran alcanzar las metas que se proponen.