Una ampliación del arte de curar


Por: Jorge Alberto Vega Bravo

Otro importante campo de aplicación de la antroposofía es la medicina de orientación antroposófica, definida por sus fundadores como ‘una ampliación del arte de curar’. R. Steiner puso los fundamentos antropológicos que le permitieron junto a la médica holandesa Ita Wegman, elaborar el cuerpo conceptual y las herramientas semiológicas, diagnósticas y terapéuticas de este modelo médico. Steiner y Wegman partieron de la medicina científica de la época y afirmaron en la introducción del texto escrito a cuatro manos: “No partimos de la actitud de menospreciar de un modo laico y superficial la medicina científica oficial… se trata de complementar lo existente con lo que de un verdadero conocimiento espiritual puede fluir en los procesos de la enfermedad y la curación”.
Podemos definir la medicina antroposófica como una medicina integrativa derivada de dos fuentes: la medicina científica con su modelo biológico-materialista y sus avances tecnológicos y de otro lado los hallazgos de la ciencia espiritual o antroposofía que le brindan al médico herramientas para reconocer los aspectos no tangibles del ser humano.
Empecé mis estudios médicos en 1974 en la Facultad de Medicina de la U. de Antioquia. Desde el comienzo de la carrera empecé a observar la diversidad de opciones que tiene la profesión médica y en la mitad de la misma aterricé en la realidad: el ser humano es estudiado en nuestras escuelas médicas como un conjunto de partes que fragmentamos para comprender mejor y que luego nos repartimos en las especialidades médicas. Los aspectos que permiten reintegrar los fragmentos son dejados de lado. Vi con asombro cómo este modelo nos aboca a una concepción materialista de lo humano y a una reducción del ser a su corporalidad tangible. A esto se le sumó, años después, la reglamentación de la atención médica en los sistemas de seguridad social, con buenas intenciones en la ley pero con aplicaciones que en la mayoría de los casos no previenen la enfermedad ni mejoran la salud. Estas realidades me indujeron a explorar otros modelos médicos donde el hombre es abordado como una totalidad.
Me encuentro en primera instancia la medicina tradicional china, modelo que tiene una concepción amplia de lo humano y que integra los aspectos corporales, emocionales, espirituales y sociales. Posteriormente exploro otros métodos agrupados bajo la maltratada denominación de ‘medicina bioenergética’ o medicinas alternativas. Finalmente conozco la antroposofía por el camino de la Pedagogía Waldorf y esto me abre las puertas del modelo médico antroposófico. Es necesario subrayar aquí que la medicina antroposófica no es una medicina alternativa. Ella no reemplaza el modelo médico convencional, lo amplifica, esto es, suplementa la ciencia material con la ciencia espiritual para abordar al individuo como una totalidad.
La medicina antroposófica no sólo mira la enfermedad en la persona sino que se ocupa de la persona frente al proceso de la enfermedad. Salud y enfermedad aparecen como un continuum dinámico; esta dinámica promueve actitudes que generan salud (salutogénesis) y transforma las situaciones que generan enfermedad como retos de la existencia. La salud no es una meta en sí misma, sino que es un camino. El paciente vuelve a ser sujeto de su proceso y no es el objeto pasivo de la acción médica. Él tiene la oportunidad de reconocer, con la ayuda del terapeuta, su estado de desequilibrio. Para alcanzar este proceso se apoya en las herramientas médicas convencionales y en otras como la terapia artística, la revisión de la biografía, la euritmia curativa y el cultivo de los ritmos.
En septiembre de 2010 realicé una pasantía en el Hospital Comunal de Havelhöhe en Berlín. Es un hospital estatal con más de 200 camas, donde se integra la medicina científica más avanzada con la medicina antroposófica. Desde la arquitectura hasta los detalles interiores sorprenden. Allí pude ver cómo un paciente de cáncer sale de la sala de quimioterapia y recibe la terapia con muérdago (Viscum Album) para en la tarde ir a una sala de pintura o de modelado con arcilla.
William Ospina en su columna de El Espectador “El arte de la Salud”, resuena con lo vivido en Berlín: “Siempre he pensado que los hospitales deberían ser también grandes bibliotecas, espacios de la música y del arte, escenarios de la creación y la conversación; pienso que no se han utilizado suficientemente en la historia los recursos del lenguaje, la belleza y la armonía para devolverle al cuerpo equilibrio, voluntad y entusiasmo”.
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