Un verde homenaje


Jorge Molina el día que recibió la Cruz de Boyacá.

“Partió don Jorge Molina Moreno, el jardinero mayor, pero antes de irse, se aseguró de dejarnos la ciudad llena de pájaros y de mariposas que habían emigrado espantados por la contaminación y que gracias a él, la poblaron de nuevo, atraídos por los cientos de árboles y de plantas que él sembró a lo largo y ancho de sus parques y avenidas. Ya no lo volveremos a ver en sus sagrados recorridos para inspeccionar cada brote o cada floración, pero su memoria de padre sabio, empresario excepcional, naturalista y estético, sobrevivirá por mucho tiempo en cada uno de sus valiosos legados”.
El anterior párrafo es un escrito de Pilar Velilla que sintetiza en pocas las palabras la enorme contribución verde de un hombre que merecidamente, con orgullo, se denominaba a sí mismo “el mayordomo de la ciudad”, y al cual se le debe gran parte de las zonas verdes y árboles sembrados en el Valle del Aburrá.
El comienzo de su trabajo por una Medellín más verde se remonta a unos años después de su jubilación de Suramericana, la empresa a la que con dedicación y decisiones innovadoras consolidó como una de las más solidas del país. Tras desechar ofrecimientos de ministerios y otros puestos políticos, se ofreció al entonces Alcalde de Medellín Pablo Peláez, para ejercer de Alcalde Cívico, o también llamado Verde, cargo ad honorem que continuaría desempeñando durante más de veinte años. Desde allí promovió un sinfín de proyectos de arborización, entre ellos la siembra de miles de arboles frutales con el fin de traer de regreso las aves que ya no se veían en los cielos nuestra tierra. Es imprescindible destacar además su importante labor para lograr que en distintas obras publicas se destinaran áreas significativas a zonas verdes y arborización, siempre promoviendo una selección inteligente de especies, adecuada a las características del proyecto y a las condiciones ambientales de cada zona.

Un impulsor del progreso
“Me parece que su llegada a Suramericana fue un hecho circunstancial, porque pienso que mi papá fácilmente podría haber sido cura o algo similar, ya que era una persona dedicada a trabajar por el bien de los demás” afirma Álvaro Molina, quien recuerda que su padre perteneció a una incontable cantidad de juntas cívicas y directivas de organizaciones sociales como la Corporación Cariño, la Fundación Carla Cristina, el Comité de Rehabilitación, la Fundación Ferrocarril de Antioquia, o la desaparecida Corporación de Santo Domingo Savio, fundada por su eterna compañera, su esposa Gloria Villegas.
Su vinculación a las juntas directivas de importantes empresas nacionales, era en gran medida un canal para “obtener recursos para obras sociales y proyectos públicos en beneficio de la comunidad”, recuerda su hijo Álvaro.
Quizá uno de los personajes más condecorados de Antioquia, Jorge Molina no concebía mayor homenaje que observar a los niños o jóvenes trepando en los guayabos o mangos sembrados por él. Por eso, hoy lo recordamos como su hija Elena María piensa que le hubiese gustado que le recordaran: un hombre que nos enseñó a amar y respetar la naturaleza.