Un tema que nos desborda y hay que hacer algo

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Un tema que nos desborda y hay que hacer algo

 

Muchas veces la mendicidad no es más que otra cara del abuso

 

Al ser interrogados por Vivir en El Poblado sobre el tema de mendicidad, los candidatos hicieron sus ofertas y sus propuestas y Fajardo dijo en aquella ocasión que el tema habría que mirarlo con detenimiento, casi semáforo a semáforo, para poder separar unos de otros y poder identificar particularmente cada situación. Generalizar lleva a hacer inversiones irreflexivas, a gastar la plata arbitrariamente y a no hacer nada de impacto a la larga. Una respuesta muy plausible pues toca todos los tópicos del problema: identificar las causas, buscar soluciones acorde a las necesidades individuales y optimizar los recursos del Estado.

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Pero veamos lo que ha pasado casi en tres años de este gobierno. Decimos veamos porque las calles de la ciudad están atestadas de personas, con razón o sin ella, dignas de misericordia o repulsivos mercaderes del dolor. Drogadictos irredimibles o simples niños víctimas del abandono y desamor, conviviendo con otra realidad que es superior a cualquier presupuesto municipal, las víctimas del desplazamiento.

Todos ellos visibles y reclamando atención y pareciera que esa promesa del candidato de entonces, desbordó a los encargados de hacer algo en su gobierno.

La campaña para no dar limosnas y encauzar la filantropía personal en organizaciones avaladas por la Alcaldía es muy atractiva, pero le falta la fuerza de la contundencia. Lo hemos dicho en muchas ocasiones el negocio de la mendicidad dejará de ser rentable el día en que la calle deje de ser fuente de recursos. El Poblado es un imán lógico para toda clase de menesterosos. Es claro, nadie va a instalar su negocio en un lugar que no vea rentable. Lo sabe cualquier estudiante de mercadeo y lo sabe también cualquiera que tenga que pedir para el almuerzo. Pero con esos pordioseros por necesidad, por desplazamiento forzoso, o por cualquier circunstancia ajena a la voluntad también llegan los avivatos que saben que pueden poner ancianos o bebés a trabajar para ellos, exponer una llaga o un defecto físico, para causar impresión y por el terror o la conmiseración lograr unos ingresos superiores al salario mínimo que de otra forma podrían conseguir. Así como el negociante de sacol o mariguana, el reducidor que no distingue un objeto robado con tal de hacer su agosto o simplemente el avispado que no desperdicia una oportunidad para robar.

Por eso decimos que hay una advertencia y una sugerencia para hacer sobre este tema:

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Este es un llamado urgente a las autoridades municipales para que pongan su atención total en este tema, ya en Medellín hemos tenido la experiencia de temibles manos negras haciendo la mal llamada limpieza social y sabemos que, por lo menos en muchos casos, las cadenas de la delincuencia solo tienen en algunos de los personajes que vemos caminar en estas calles apenas unas pequeñas presencias de lo que seguramente deben ser empresas dedicadas a verdaderas industrias del delito, esta la advertencia.

Y esta la sugerencia. Estas líneas son también un llamado urgente a los ciudadanos para que tomen conciencia de que con seguridad es posible hacer una ayuda más duradera, más profunda y más ordenada a través de una entidad filantrópica. (En www.vivirenelpoblado.com encuentra la lista de las entidades avaladas por la Alcaldía.)

El problema es muy grave, la solución es simple y nos compromete a todos: ayudar a quien lo necesita y no abonar con dinero lo que seguramente esconde maltrato y abuso.

 
 
 
     
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