Un portal de portales

 
 
   
 Mucha variedad
De los cuatro salones por recorrer para ver todos los pesebres hay uno más especial que los demás. Los que se encuentran allí son un trabajo artístico a diferencia de piezas de colección que es lo que se puede ver en los otros tres salones. Está mejor iluminado y eso no significa que sea más luz, mejor expuesto y distribuido, y además provocan más ser examinados minuciosamente. Son 20 los de este salón y todos tienen un tamaño similar, exhibidos sobre pedestales tipo columna y enmarcados por un cordón de lucecitas en el piso. Predomina el uso de icopor, yeso, papel, madera, telas y pintura. Algunos de los mejores son Arrurrú mi niño de Margarita Muñoz, Buscando posada de Gonzalo Suárez y Jesús en el centro de Aníbal Arcila quien también ha publicado un texto del recorrido del pesebre en Colombia. Además allí está el más grande de la exposición hecho por tres hombres. En los otros salones hay algunas rarezas dignas de exaltar como uno hecho todo en crochet blanco, algunas porcelanas alemanas e italianas, el de azúcar de Pepita Restrepo o el hermoso y solitario rey mago de palo hecho en el Medioevo.

El más grande
Para Gustavo Gaviria la Navidad dura todo el año. Cuando termina de desmontar sus pesebres en enero, ya está pensando cómo hará el próximo. Las producciones nuevas de figuras siempre van a la exposición del Museo El Castillo, las demás se van rotando por otros pesebres de los que también se encarga él, como el de San Diego y este año el de Premium Plaza. El pesebre de Gaviria este año es el más grande de la exposición de El Castillo con 8 metros de largo y 3 de profundidad, titulado Y nació en un pesebre y la Virgen lo envolvió entre pañales. En él se ve el tradicional portal con Jesús: María y José acompañados de algunos pastores con animales en un fondo bastante desértico. Está hecho de icopor, papel, pintura y un telón que hace de cielo. Las figuras de los personajes y animales son hechas en barro e inspiradas en dibujos y fotografías de libros religiosos. Es un proyecto en grupo pues a Gustavo le ayudan el odontólogo Juan Guillermo Sanín y Libardo Mejía con quien trabaja en los otros pesebres. Pero dice el artista “Yo soy el de la cabeza, la idea se va desarrollando en mi mente porque no soy capaz de dibujarlo”. Así que él decide básicamente quién hace qué y cómo. Nada es comprado, todo es hecho a mano, excepto las luces y una que otra mata, aunque esas también hay que “acondicionarlas por que son muy verdes”. Como elemento particular, este año hay una carpa al lado derecho de la escena de Gaviria, típica del mundo árabe, en tonos índigos y abierta para ver dentro al pastor que descansa.

Lo bueno y lo malo
Lo bueno es la forma de exhibir los pesebres principales con poca luz, en columnas individuales y con mucho espacio para que la gente circule tranquilamente ambientada con villancicos. Lo mejor es que algunos expositores van por el camino menos recorrido y se atrevieron a cambiar la escena del portal por representaciones muy interesantes como Yo soy la vid de Álvaro López y En la carpintería de papá, obra de Olga Cárdenas y Maximiliano Olaya. Estos dos muestran la fabricación del vino en la época de Jesús y el taller de carpintería de José respectivamente.

Mejor todavía que proponer otras ilustraciones de la vida de Jesús, son los muchos detalles y la elaboración precisa de todos los elementos para hacerlos realistas. Lo malo son dos de los otros tres salones que exhiben pesebres entre las mil y una cosas que ya estaban allí, dando la sensación de que se visita la casa de alguien y no una exposición y lo peor es que algunos expositores no cambian mayor cosa en sus ideas, conceptos o técnicas.
La exposición estará abierta al público hasta el 14 de enero acompañada de varios conciertos navideños hasta el 16 de diciembre y de ahí en adelante se hará la novena hasta el 23.