Un líder de El Poblado de toda la vida

   
  
   
 Leer historia, trotar en banda y jugar squash son algunos de los pasatiempos del abogado Juan Carlos Vélez cuando no está dedicado a sus labores como congresista. Pero su actividad predilecta, la que lo relaja de los vaivenes políticos y lo conecta con la naturaleza, es montar a caballo, una afinidad más que tiene con su líder político, el presidente Uribe. La consentida del Senador es Guadalupe, madre de la potranca Estrella; ambas pasan sus horas en Llanogrande esperando los momentos de descanso de su amo.

De parva, globos y chocolatadas
Al aire libre también transcurrían sus horas más felices cuando estaba niño a finales de los 60 y en los 70, años en que lo más cercano a tecnología de punta era un canal de televisión en blanco y negro, lo que convertía la persecución de globos en el entretenimiento estrella de las vacaciones. Lo hacía a lo largo y ancho de las mangas y lomas de El Poblado, donde su extensa familia se distribuía en diferentes fincas y sectores; gracias a eso no hubo rincón de esta zona del sur de Medellín que le faltara por conocer, lo cual, de paso y sin proponérselo, le sirvió más adelante -fines de los 80- cuando inició su carrera política en la JAL.
Permanecen en su memoria los compañeros de andanzas infantiles, las dos barras de muchachos que había en ese entonces. “Una era la barra de los que vivían en las fincas y la otra era de los que habitaban las casitas que había entre esas fincas. Aunque éramos muy unidos, persiguiendo globos nos cascábamos muy duro y lo hacíamos en igualdad de condiciones. El mayor trofeo era coger un globo grande, y se respetaba al que ganara”. Precisamente a ese “deporte oficial” atribuye el que ahora los globos causen más incendios que en esa época. “Antes detrás de un globo había al menos 20 pelados persiguiéndolo entonces no generaban incendios cuando caían, en cambio ahora nadie los persigue”.
Como de un sombrero de mago, de sus recuerdos surgen ahora las chocolatadas. “De Santa María de los Ángeles nos veníamos caminando por la carrilera del tren, por donde es hoy la Avenida Las Vegas. Eran puros guayabales y hacíamos la famosa chocolatada con parva”.

El legado de la Avenida
Mientras conversamos con él cerca al templo de San José, el hoy Senador continúa rememorando su infancia, cuando su abuelo le decía “pueblo” al parque. Entonces se sorprende una vez más con la transformación vertiginosa que ha tenido el barrio desde que se construyó la Avenida El Poblado. “Cuando yo estaba chiquito -ahora tiene 45 años- esto era una carretera que iba a Envigado, era en lozas de cemento de doble sentido, no pasaban sino los buses de Envigado y unas arrieritas. Cuando la empezaron, la gente decía que para qué esa obra tan grande y tan costosa si no tenía mayor uso, y 30 años después ya se quedó chiquita”, dice Vélez. “Recuerdo la avenida sin semáforos, cuando de noche la gente andaba arriada, a 100 ó 120, porque no había policías ni control de velocidad, y los fines de semana era peligrosísima porque todo el mundo manejaba como si estuviera por la autopista”. Tampoco olvida cuando se construyeron las transversales, de cuya unidireccionalidad y construcción de andenes fue líder varios años después al ser concejal de Medellín, posición desde la que también gestionó la ejecución de obras como el Cerca, varios Cais y la conexión vial entre las lomas de Alejandría y Los González.

En la arena política
Con el pasar del tiempo, el muchacho persecutor de globos se interesó en los asuntos políticos. Su debut fue a los 22 años en la campaña de Juan Gómez durante la primera elección popular de alcaldes y asegura que el candidato iba perdiendo hasta que llegaron los datos de El Poblado. “El Poblado le dio el triunfo”, dice con orgullo, pues él era coordinador de la zona. Siguieron tres periodos en la JAL, dos en el Concejo, luego la dirección de la Aeronáutica Civil entre 2001 y 2005, la presidencia de la Anato en 2006 y desde el 2007 es Senador por el Partido de la U, papel que ahora espera repetir.
De los resultados del 14 de marzo depende entonces que Guadalupe y Estrella lo disfruten más, o menos que hasta hoy.