Un libro raro

 Por: Gustavo Arango 
 
Si empiezo por decirles que voy a hablar de un libro de Troncoso, estoy seguro de que me mirarán raro. ¿Troncoso? Nadie nos había dicho que Troncoso escribiera libros. Y, ya que estamos en esto, ¿quién diablos es Troncoso? De manera que me permito el rodeo de decirles que Troncos nació, creció, se reprodujo y murió en la primera mitad del siglo veinte. También escribió libros, por supuesto; de lo contrario qué sentido tendría que yo les hablara de Troncoso en una columna de opinión cuyo perfil la obliga a hablar sólo de libros, en especial de los que no leemos o leímos, los que pasamos por alto, los que hemos olvidado, los que no forman parte de ese bazar de chucherías que es la oferta literaria en la actualidad.
Troncoso no fue ni eminencia ni desastre. Alguno de sus libros alcanzó a recibir la atención de los pontífices del arte y hasta se convirtió en ocasiones en referencia obligada. De manera que Troncoso no tenía una definida sensación de fracaso cuando escribió y publicó el libro sobre el que voy a hablarles. Una noche en el bosque es un libro del que podemos conocer los detalles más ínfimos de su gestación, porque el tema mismo del libro es su gestación. Es como asomarse a un cuadro y ver el taller del pintor.
El libro es de una sinceridad y un candor estremecedores. Troncoso habla de sus circunstancias, del delicioso regresar a la escritura, y de mujeres que pasaron por su vida. Pero más que su contenido, de aquel libro nos importa su aventura editorial. Dudo que haya existido una aventura similar. Como la vida le sonreía, después de haber publicado su obra mejor recibida, Troncoso se tomó la libertad de escribir este texto demasiado personal. Era tan personal que dudaba si sería capaz de publicarlo y venderlo, llegó a preguntarse si no sería acaso una violación de su ya laxo sentido del decoro. De las dudas sabemos por lo que dice el texto. De hecho, no parece ocultar nada. Algunos de sus pasajes son de una crudeza que ruborizarían a un cerdo. De manera que de esa tensión, entre publicar o no un tipo de libro tan sincero al que nadie jamás se había atrevido, surgió la idea de la que quiero hablarles.
Troncoso fue invitado a una feria del libro a presentar sus novedades. Aceptó la invitación y decidió poner al frente, y en edición popular, una recopilación de artículos de opinión que había enviado y publicado en un periódico de su ciudad natal. Pero detrás, casi como a la sombra del primero, puso este libro del que les hablo. Quizá nadie lo recuerde ahora, pero en 1943, durante la feria del libro de Anserma, Caldas, además de presentar su tan leída compilación: En el centro del centro, nuestro artista también presentó su novela Una noche en el bosque, en edición reducida y numerada. La edición era tan reducida que eso explica por qué nadie habla del libro de Troncoso, y algunos hasta tienen la grosería de preguntarnos quién es Troncoso. Pero hay algo que redujo de manera aún más dramática la difusión de esta obra: la voluntad que Troncoso expresó en el mismo libro. Cito verbatim:
“Esta belleza de libro, este género único nacido del cansancio y de la franqueza, este abrirse al mundo como uno es en la intimidad de la escritura, estará a la venta en edición única de diez ejemplares numerados, durante una feria del libro que se llevará a cabo en Anserma, Caldas en dos semanas. Si nadie compra alguno de esos ejemplares, o sí sólo algunos llegan a venderse, los demás serán clausurados de por vida en un baúl cerrado. Se tratará de un libro póstumo y a lo mejor olvidado.”
Imagino que Troncoso alcanzó a vender por lo menos un libro durante la feria. A menos que este ejemplar que conservo sea uno de aquellos que durmieron para siempre en el baúl de su fracaso.
Oneonta, septiembre de 2009.
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