Un cuento, un concurso, una autora

‘‘Un amor, un beso, un final’’, historia de amor de tono enigmático y final trágico escrita por ella, hace parte de los poemas, ensayos, cuentos y obras de teatro que aparecen en el libro Medellín escrita por sus jóvenes. Allí están reunidos los mejores trabajos presentados por muchachos y muchachas de la ciudad durante los encuentros de escritores jóvenes que la Secretaría de Cultura Ciudadana promovió el año pasado en varios lugares de la ciudad, entre ellos El Poblado.

Estas jornadas hacían parte de Altavoz se toma la palabra, “espacio de expresión donde los jóvenes de Medellín entre 14 y 26 años pueden compartir sus textos y experiencias relacionadas con el proceso creativo de la escritura”, dice la Secretaría.

El taller de El Poblado estuvo a cargo de Leandro Vásquez, estudiante de Periodismo de la Universidad de Antioquia, fue dictado en el Palermo y asistieron 18 alumnas de este colegio, entre ellas Isabel, cuya obra fue finalmente seleccionada.

La vocación

Tenía mucho de donde escoger para enviar al concurso. Al fin y al cabo escribe desde los 11 años, cuando estando en sexto grado una profesora de Español la puso a hacer un trabajo sobre La Vorágine que “era como para universitarios”. Ella le cogió cariño a las letras, y años más tarde participó por primera vez en un concurso.

En esa época se sentía como la niña rechazada del salón, pues sus compañeras se burlaban continuamente de ella. La escritura fue inicialmente el medio para desahogarse, y luego la clave para ganarse la simpatía de sus compañeras.

Sucedió un día en la oficina de la coordinadora de disciplina, frente a su mamá y una de las niñas que más frecuentemente la molestaba. Leyeron un cuento de Isabel, uno que tenía como personaje a alguien que le tenía miedo a la sociedad y era bastante depresivo. “Ella me vio ahí, sintió que de alguna manera era culpable de que yo me sintiera como el personaje de ese cuento, pues el escritor siempre es alguno de sus personajes”, dice, ya despojada de esas frases telegráficas del principio.

Desde eso empezó a escribir cada vez más, agarrando la inspiración que le llega de repente cuando está próxima a dormirse, o cuando está aburrida en las clases del colegio y empieza a escribir en la parte de atrás del cuaderno. También la mueven frases o pensamientos que lee en alguna parte y le llegan al alma. Su cabeza está alimentada con relatos de Shakespeare y de Edgar Allan Poe, autores que prefiere. Quizá de este último venga ese toque misterioso y oscuro que hay en varios de sus relatos, incluido ‘‘Un amor, un beso, un final’’.

El cuento

Imaginó la historia mientras estaba enferma y recién empezando la relación con su novio, que con su presencia aliviaba en algo sus males. De ese estado de enamoramiento “salió la miel”, como ella misma dice, derramada a lo largo del relato en frases como “Su larga cabellera era un cielo nocturno recogido con una moña y pequeñas flores que parecían estrellas”, o esta otra, “Caminaron así por la habitación, en un solo, largo y dulce beso, hasta tropezar y caer sobre la cama”. Seguramente su admirado Poe no hubiera escrito cosas así, pero sí hubiera sido capaz de concebir el sorprendente final de la historia, disponible aquí.

Los cuentos del autor estadounidense no son lo único misterioso que la atrae. Los vampiros también llaman poderosamente su atención, y a menudo lee novelas relacionadas con el tema. Isabel, sin embargo, no es un ser lúgubre. Es una bailarina (perteneció al Ballet Folclórico de Antioquia) y una cantante “con voz más bien baja”, que tuvo que abandonar el conjunto del colegio para concentrarse en los estudios. Ah bueno, y desde que ganó el concurso de Altavoz y su cuento fue publicado es también la admiración de sus tías y motivo de orgullo para su mamá.