“Un barrio pequeño, sabroso”

 
  “Un barrio pequeño, sabroso”  
     
  Saúl Aguirre, poeta, profesor y colaborador en medios impresos. “En toda esta vida de profesor he tenido más de 13 mil discípulos, entre los que han pasado gobernadores, alcaldes, ministros, y diversos profesionales”  
     
 
 
  Todo lo que usted está viendo ya me lo he leído, el 90 % de los textos son novelas, y el resto está repartido entre poesía, historia y teatro.  
     
  “También la Luna, en todo (fiel) a su tiempo, determina los tiempos y es señal eterna…” Así comienza La Luna y las estrellas, párrafos del Eclesiástico 43, 6 -11 que Saúl Aguirre cita en Taller de Lunas a manera de prólogo. “Llevo 26 años jubilado y desde entonces salgo a caminar 6 kilómetros todas las mañanas a las 6, desde el apartamento hasta el Club Campestre, por toda la Avenida El Poblado, acabo de cumplir 88 años y no me da un dolor de cabeza.”

¿Cuántos años en El Poblado?
64 años, llegué en 1943 al barrio Lleras, cuando La 10 terminaba en Provenza, en ese tiempo no estaban las transversales, no existían el Éxito ni La Candelaria, (hoy Pomona) las familias se surtían en las tiendas y carnicerías de barrio. Me ha tocado ver pues, la llegada de esa cantidad de edificios en lo que eran unas fincas hermosas, han dañado el paisaje, ese es el progreso.
En el barrio Lleras vivimos 44 años, una época especial por ser mi primera casa. Estaba recién casado, nos la regalaron mi padre y mi madre como regalo de bodas; en esa casa se levantaron 6 hijos que estudiaron en el Colegio Palermo y después en el Colegio de Darío Mazo, para más tarde pasar al Instituto Conrado González y a la Universidad Pontificia Bolivariana, en la que Sergio se graduó de comunicación social y periodismo. Yo también fui periodista, en El Correo Liberal de Medellín, tenía mi columna diaria.
Después de vender la casa nos pasamos a Manila hace 20 años; mi papá vivía en Bogotá porque él fue Presidente de la Corte Suprema de Justicia. Yo viví allá 3 años pero resolví quedarme trabajando en Medellín como profesor de literatura en la Universidad de Antioquia, además fui profesor fundador de la Escuela de Mercadotecnia en Diriventas, y también profesor en el Sena.

¿Qué recuerdos guarda de El Poblado?
Me ha tocado ser testigo de la transformación urbanística de El Poblado, del ensanche de vías como la Avenida El Poblado que en ese entonces era despejada, del paso de fincas a edificios. Cuando yo llegué solo existían el barrio Lleras y el viejo Poblado. El barrio Provenza era una finca hermosa de la mamá de José Gutiérrez Gómez. Donde está la Clínica Medellín, era la finca de doña Eugenia Ángel de Vélez; donde está el Centro Comercial Oviedo, era una finca de la familia Londoño.
La vida en El Poblado se disfrutaba mucho, era muy tranquila, caminábamos, íbamos a misa los domingos, una vida hogareña, muy plácida. Yo en ese entonces jugaba tenis, era miembro del Club de Tenis El Bosque, llegué a primera categoría, siempre fui muy deportista, practiqué natación también, y en el barrio jugábamos fútbol.
En ese tiempo la vida era muy sencilla, todos los vecinos eran conocidos, honorables, serviciales, nunca pasaba nada, un barrio pequeño, sabroso; no había cine, no había teatro, ni siquiera hoy hay teatro.

¿Cómo conoció a Pablo Neruda?
En 1944 llegó a Medellín, venía de un Festival de Teatro en Manizales, y un grupo de jóvenes literarios fuimos a la estación Caldas a esperarlo; en el vagón en el que venía Neruda con la Hormiguita, amante de ese entonces, él se levantó y preguntó ¿quién es Saúl Aguirre? Yo Pablo, dije, y me abrazó, me dijo que le mostrara los poemas. Escribió lo siguiente después de leerme, “Hay en la primavera de Saúl Aguirre un brote de vegetales recién coronados por el rocío, un fulgor de amanecer aún estrellado con la congoja grave de una hora indecisa, se piensa en este crecimiento conmovedor, otra vez en la estatura del hombre vacilante entre raíces y estrellas, atraído por los grandes misterios nocturnos y la tierra preñada de semillas, adelante Saúl Aguirre, a la conquista del alto frío, de la profundidad tenebrosa del rectilíneo día venidero”.
Le dije a Neruda que si firmaba por favor el álbum de Elena, mi novia en ese entonces y después mi esposa, él escribió: “Me gustas cuando callas porque estás como ausente, y me oyes desde lejos y mi voz no te toca, parece que los ojos se te hubieran volado, y parece que un beso te cerrara la boca. En el álbum de Elena a pedido de mi querido amigo, el poeta, Saúl Aguirre”.

¿Cuándo publicará de nuevo?
Estoy esperando a que se publique Regalos de Sombras, un libro en manos de Eafit, 50 sonetos escritos en 1939 en honor a las bodas de oro literarias.
Los días en la actualidad de Saúl Aguirre transcurren en medio de la tranquilidad con la que él define vivir durante 64 años en El Poblado: “Me levanto a caminar a las 6:00 a.m. y cuando vuelvo a la casa, desayuno y me pongo a leer mañana y tarde.”

 
 
Saúl Aguirre
Nació en Titiribí en 1919 y a los 3 años llegó con su familia a Medellín. Es poeta, fue colaborador en periódicos locales y nacionales, y profesor en varias instituciones de la ciudad. Ha ganado 2 premios nacionales de poesía. Sus publicaciones: Taller de Lunas, El Cristo de Páramo, Las Ceremonias de la Muerte y Vitral del Trópico. Tiene 6 hijos, entre ellos uno que escogió los caminos de periodismo pero murió hace 12 años, 4 nietos, y el recuerdo de su esposa que murió hace 8 años. “Después de 58 años de matrimonio… muy duro…” dice Saúl Aguirre con la voz entrecortada y la mirada nostálgica en un portaretratos que enaltece la sala del apartamento.