Turismo sexual

    Turismo sexual
    Sí, en Medellín hay turismo sexual. Entre las muchas cosas que hay que hacer para enfrentar este problema es llamar a las cosas por su nombre. Entre los miles de turistas que vienen a nuestra ciudad cada año no son pocos que lo hacen con el interés expreso o secundario de encontrar una pareja sexual ocasional. Llamamos de interés expreso a los que vienen solo a eso y de interés secundario a los que vienen a otra cosa -por negocios, a una conferencia, para asistir a algún espectáculo- y aprovechan que están lejos de su origen para buscar una prostituta.
    Y hasta ahí, mientras las cosas sean entre adultos que actúan por su propia cuenta, pues nada, así es la gente en todo el mundo. Pero todos sabemos que de eso no se trata. Detrás del turismo sexual están la trata de personas, el proxenetismo, la explotación sexual, el tráfico y consumo de drogas, y muchos otros negocios conexos que por legales no dejan de ser problemáticos. Y eso que todavía estamos hablando de adultos.
    Sin embargo, como dijimos que vamos llamar a las cosas por su nombre, la explotación sexual de menores de edad está en el centro de este problema. Tenemos que ser conscientes de que Medellín es un destino internacional de relativa importancia en el turismo sexual, y que cada vez más aparece en el radar de los que prefieren a los menores para satisfacer sus apetitos. Sí, no solo Tailandia, Costa Rica, o tantos otros lugares a los que la belleza de sus playas los hace atractivos para el turismo sexual son los que tienen este problema. También Medellín.
    Un búsqueda simple en Internet le dará una idea de la magnitud del problema. Solo ponga en la casilla del buscador expresiones como “prepagos Medellín” y se sorprenderá con lo que encontrará: lo de los apartamentos alquilados para atender los clientes durante el día o para grabar videos pornográficos para vender en páginas web extranjeras y nacionales, muchos en El Poblado, es verdad. Y para llamar a las cosas por su nombre, muchas de estas cosas son legales, pero compartimos el malestar de quienes no los quieren de vecinos. Piense en el encuentro en el ascensor con la prostituta y el cliente… no hay manera de que eso no sea maluco.
    Si se anima a perfeccionar su búsqueda, sin mayor dificultad llegará a las agencias de viajes que ofrecen a Medellín (y a muchas otras ciudades de Colombia) como destino sexual, esas agencias que las autoridades municipales dicen no haber podido identificar, y que se anuncian sin mayores prevenciones. También encontrará las páginas de crítica y reseñas hechas por turistas que ya han hecho el viaje sobre los sitios adecuados para hospedarse, con fotos y evaluaciones de las prostitutas, y de los servicios adicionales (seguridad, transporte, alimentación).
    No juzgamos a quienes se dedican a esto, ni a sus clientes, pero la realidad sobrepasa lo legal. Es verdad que hay menores de edad involucrados en esto, y cada vez son más la razón para que muchos turistas vengan. Todo esto es a la luz del sol, frente a nuestras narices, sin que nos decidamos a nombrar y a enfrentar un problema, otro, que se está saliendo de madre.