Tragedia anunciada

     
    Tragedia anunciada
     
     Desde mayo del año pasado tanto residentes como comerciantes de la Zona Rosa han venido denunciando una serie de violaciones a sus casas y negocios por parte de al parecer una banda de ladrones que en las noches aprovecha aparentes deficiencias de muchas de las viejas construcciones del sector -o simplemente la soledad que les da tiempo suficiente para romper puertas, techos o ventanas- para entrar y robar.
    Por los rastros que han dejado -sobras de comida, por ejemplo- y por lo que se han robado, las autoridades de policía dijeron en su momento a Vivir en El Poblado que sospechaban de bandas que incluyen a menores de edad, posiblemente niños de la calle, o a indigentes. No obstante, lo importante es que la comunidad advirtió con suficiente anticipación de estos robos, pidió ayuda a las autoridades y denunció este problema, tal como lo publicamos en un informe especial en la edición 415, de junio de 2010, y a la fecha, como lo demuestra la tragedia vivida por la familia Mesa Velásquez, los resultados de la acción de los funcionarios públicos son muy pobres.
    No queda menos que preguntarse por qué, si es de público conocimiento la problemática de indigencia e inseguridad, en el día y en la noche, en la parte central de El Poblado; si tanto la Comisaría de Familia como las inspecciones de policía conocen la situación de los menores de edad que viven en las calles de la Zona Rosa (indigencia, robos, ventas callejeras); si en cada reunión de de comerciantes y residentes con los funcionarios municipales se denuncian la venta y el consumo de drogas y las peleas -a veces con armas- por el control del espacio público; no se entiende por qué el trabajo de las entidades municipales encargadas de esta problemática no muestra ningún resultado palpable para los ciudadanos del común, más allá de informes sobre reuniones, citaciones, censos y cosas por el estilo.
    Mientras tanto, los problemas de inseguridad han pasado de los robos a los asesinatos (dos en la última quincena) y, como es natural, el vecindario está disgustado y muy preocupado por lo sucedido.
    Tanto vecinos como familiares se preguntan cómo pasó esto. Se preguntan cómo, a pesar de cumplir con sus deberes como ciudadanos, no han contado con la debida protección del Estado, tanto para sus personas como para sus bienes.
    En los robos denunciados el año pasado, nunca hubo encuentros entre los ladrones y vigilantes de los negocios o residentes de las casas atacadas, pero dada la violencia usada para irrumpir en locales o residencias, era evidente que solo el azar había evitado una tragedia mayor. Sin embargo, aparentemente poco fue hecho para evitar lo previsible. La suma de la ineficiencia de tantas entidades (las que investigan los robos o las que vigilan a las construcciones, por ejemplo) es la explicación más probable para lo que paso. Y eso no tiene justificación.