“Todo lo he hecho con las uñas”

“Todo lo he hecho con las uñas”
Las esculturas de gran formato son las preferidas por Gustavo Vélez, y su material predilecto es el mármol de Carrara. Actualmente realiza un exposición itinerante por varios países del mundo


“La obra mía es contemporánea, abstracta, pero a la vez la relaciono con el futurismo porque es de elevación al infinito. Relaciono mi vida con lo grande, con la grandeza espiritual que uno debe tener internamente”.

Si al pasar a las tres de la mañana por la esquina de la calle 8 con la carrera 42, pleno centro de El Poblado, oye un ruido de máquinas y ve la luz prendida en una vieja bodega, es el escultor Gustavo Vélez. Está en su estudio tallando mármol de Carrara, traído de Pietrasanta, recuperando esas horas del día que le demanda ser su propio agente y promoverse, buscar el apoyo de los museos, encargarse del montaje de las exposiciones, del embalaje de las esculturas, de conseguir y trasladar los materiales, en síntesis, de mover su obra en todos los sentidos, y de venderla, porque de eso vive. Y no debe ser tarea sencilla, porque su escultura más pequeña mide 2 metros y medio y el peso de su obra se calcula en toneladas.

Itinerante
Pero ¿quién es Gustavo Vélez? Empecemos por decir que no es profeta en su tierra pero sí en lugares como Asia, donde desde hace varios años y producto de su perseverancia empezó a hacerse conocer en galerías, ferias y museos.
“Estar en el mundo, esa es la idea”. Con base en esa premisa, ha participado en exposiciones colectivas en Italia, Estados Unidos, China, Japón y Corea y a mediados de este 2011 inició una exposición individual itinerante por varios museos del mundo. “Monumentales” empezó su recorrido de tres años en el Museo Antropológico de Arte Contemporáneo de Guayaquil, continuó en el de Cuenca, pasó al de Quito, sigue para Lima y luego vendrá a Colombia, donde estará en el Museo Rayo -en Roldanillo- y en Ibagué, Neiva, Santa Marta, Barranquilla, Bogotá, para luego llegar a Tokio. Doce toneladas de mármol que se mueven por aire, tierra y agua gracias a su principal doliente: Gustavo.

De Fredonia a Italia
Aunque reside en la Loma de Alejandría, gran parte del año la pasa en Pietrasanta, Italia, su segunda casa desde que tenía 20 años.
Gustavo nació en Medellín hace 38 años pero se crió en Fredonia, cuna de su familia y de escultores como Arenas Betancur, Guillermo Sánchez y Julio Maldonado.
“Desde pequeñito me gustaban las artes plásticas; mi papá tuvo una ferretería y una cerrajería y yo era inquieto con las máquinas pesadas, aprendí a manejarlas, a manipular herramientas y materiales; me gustaba estar soldando, creando y hacía inventos muy creativos y los vendía en la ferretería”.
Desde entonces tuvo claro lo que quería hacer y al cumplir 15 años se trasladó a Medellín a terminar bachillerato, para estudiar simultáneamente dibujo artístico en Bellas Artes y escultura en la Escuela Eladio Vélez, de Itagüí. Seis meses después del grado dio el saltó que tenía entre las dos cejas: viajar a Italia, la Meca del arte. Era el año 95 y tenía 19 años.
“Duro salir de un pueblo y enfrentarse al mundo solo”, recuerda hoy en medio de mesas, polvo, mármoles, máquinas y guacales de su estudio. “Primero estudié italiano y luego historia del arte y escultura en la escuela Lorenzo de Medici. en Florencia, y en la Academia de San Marcos”.
Aunque tuvo el apoyo inicial de su familia, al segundo año en Italia ya debía autofinanciarse. “Se me ocurrió recoger registros fotográficos de puertas típicas de Venecia, Florencia y Roma, hacer réplicas de modelado en relieve y venderlas los sábados en mercados de antiguedades”.
Pero su vida tuvo un punto de giro cuando conoció a Pietrasanta, “un mundo sagrado para trabajar escultura. En ese momento dije: aprender a tallar mármol es mi próximo destino. Desde entonces me enamoré del mármol y es mi material preferido”.
Vivió en Pietrasanta tres años, estudió, produjo, participó en exposiciones colectivas y aunque hace 11 años regresó a Medellín, a Pietrasanta vuelve continuamente a fundir bronce.
“No fue fácil surgir, y más afuera”, comenta Gustavo a manera de balance. “Me he abierto puertas en el mundo mostrando la escultura de forma muy sublime y tratando de dejar la marca de un artista que está dejando su obra escultórica en diversos materiales, sobre todo en mármol”.
“Todo lo he hecho con las uñas”, dice como epílogo. “Para las grandes cosas que he hecho no he necesitado plata, esta me sale de alguna parte y casi siempre es de la misma obra mía. Se aprende que las cosas no son imposibles de hacer por plata sino por ganas.”