Tiempo de pausa, tiempo de fiesta

Jorge Vega Bravo
Por Jorge Vega Bravo / Vida plena / opinion@vivirenelpoblado.com

En este tiempo damos regalos, pero también amistad y alegría. En el encuentro, en la mirada limpia, en la palabra sincera somos realmente humanos: estos hechos nos separan de los animales.

Se acerca el fin del año y percibimos una luz diferente en el cielo. Para el hemisferio sur se acerca el solsticio1 de verano y para el norte, el de invierno. Cambio de estación y cambios interiores, pausas. “El curso del año tiene vida propia. El alma humana puede sentir esa vida y en la medida en que percibe la respiración de los ciclos anuales sentirá que crecen en ella fuerzas que la unen con el mundo en el que entró al nacer”. (R. Steiner).

En México, el solsticio de invierno se relaciona con el nacimiento del nuevo sol y del niño Mexi Huitzilopochtli y representa la esperanza del nacimiento del nuevo sol. En Europa, ante la llegada de los solsticios, desde tiempos prerromanos se celebraban rituales con hogueras.

En el solsticio de diciembre, en las culturas celta y romana, se festejaba el regreso del Sol. A partir de esta fecha los días empiezan a alargarse. Esto se atribuía a un triunfo del Sol sobre las tinieblas y se celebraba con fogatas. En el año 354 dC, la Iglesia católica decidió situar la Navidad el 25 de diciembre, otorgándole el carácter simbólico del renacer de la esperanza y de la luz en el mundo y modificando el significado de la festividad pagana previa: el forgiven. ​En la zona andina durante el solsticio de diciembre los pueblos celebran el Cápac Raymi, que es el inicio del año incaico.

Entre los judíos se celebra la Janucá alrededor del 22 de diciembre con el encendido de luminarias, que simboliza la expulsión del invierno y la liberación del pueblo judío de Persia.
Entre nosotros la fiesta de Navidad se expresa con luces y formas externas y la celebración incluye una fiesta familiar. “Muy poco ha quedado de lo que nuestros antepasados sentían con gran intensidad: ese sentimiento profundo de vivenciar la relación entre el hombre y el cosmos” (R. St.).

Para mí la Navidad representa un tiempo especial, donde confluyen muchos sentimientos y se da un reencuentro familiar, con la oportunidad de celebrar, reconciliarse, festejar. En casi todas las lenguas per-donar implica dar algo: forgiven, en inglés. Y en este tiempo damos regalos, pero también damos amistad, alegría, encuentro con los otros. En el encuentro, en la mirada limpia, en la palabra sincera somos realmente humanos: estos hechos nos separan de los animales.

Me inundan los recuerdos de la Navidad de la infancia con luces, el regalo del niño Dios, el estreno de ropa, la fiesta familiar con historias, plegarias, villancicos. Siento que es un tiempo propicio para reconciliarnos con el niño interior que habita en todos los seres humanos y que se nutre de asombro, alegría y música.

Los tiempos de pausa, los tiempos de fiesta nos permiten ser solidarios, celebrar en colectivo y rescatar nuestra condición humana. En estos tiempos aciagos en que el planeta enferma y la mayor parte de los dirigentes del mundo promueven el egoísmo y la economía de mercado, es bienvenida la fiesta de lo humano, la fiesta del nacimiento, la pausa consciente que nos aleja de la condición animal. ¡Feliz Navidad!

1solsticio, de sol sistere (lat.), sol quieto. son los momentos del año en los que el sol alcanza su mayor o menor altura aparente en el cielo, y la duración del día o de la noche son las máximas del año, respectivamente.