Suspiro y Réquiem por la Ciudad Lenta


Por: José Gabriel Baena
Con la construcción del aplastante puente de la calle 4Sur, que unirá a Guayabal con El Poblado y verterá sobre el barrio una cantidad aún no cuantificable de vehículos no sólo livianos sino aun pesados, y con la orden de ejecución expedida para construir el Túnel de las Palmas, se pierde para siempre la esperanza de que Medellín hubiese podido ser una “ciudad lenta” en el sentido en que se maneja este concepto originado en Italia hará unos veinte años, aunque se aplique a ciudades de sólo menos de 50 mil habitantes, pero que con un poco de sabiduría urbana podría extenderse a urbes más amplias. La idea nació en aldeas italianas de la Edad Media, que veían con temor cómo las callecitas de su antiguo casco urbano eran invadidas prácticamente todo el año por centenares de auto-turistas que literalmente estaban destrozando vías, fachadas, plazoletas. Se estableció entonces la prohibición de no dejar entrar autos sino hasta una distancia de entre 500 y 1.000 metros, con lo cual los turistas debían dejarlos aparcados colina afuera y caminar hasta el poblado o tomar bicicletas. El ejemplo fue rápidamente imitado no sólo en Europa sino en otros continentes, pero, ay, en nuestra Medellín ya hace mucho que se ha entonado el Réquiem por lo que nunca pudo ser.
Es paradoja no matemática sino de sin-sentido común, que mientras haya ciudades posibles de crecer un ápice más por sus condiciones geográficas de alta saturación humana, los administradores o cada alcaldía temporal borran los llamados planes de “movilidad” de sus antecesores, dentro de la ciudad y hacia las afueras, con lo cual no tienen más que apelar al pico y a la pala para destruir barrios y comunidades enteras todo en nombre de meter a como dé lugar miles y miles de los autos que ya se arruman unos sobre otros en la agencias. A principios de semestre los buitres de la ganancia anunciaban relamidos que habían vendido más autos en lo que va de 2011 que en todo el año pasado (uno 15 mil en 2010) y el ciudadano común se preguntaba por dónde diablos estaban circulando ahora esos autos. En Medellín ya no cabe un carro más, la contaminación gasolinera y el calor suben en proporciones geométricas, como el ruido. En el último fin de semana festivo impresionaba ver las imágenes de los “tacos” generados desde el túnel “Gómez Martínez” que nos une a Santa Fé de Antioquia, cuando al regreso de las fiestas el trayecto desde la boca del túnel hasta la carrera 80 tardaba dos horas. Para no hablar de los trancones en las mal llamadas autopistas sur y norte: 36 mil vehículos luchando a como fuera por entrar a la ciudad.
Entre el letargo vacacional de los “puentes festivos” el Gobernador aprovechó para ordenar poner en marcha los contratos de ejecución de la llamada “concesión túnel Aburrá-Oriente”, construcción que tardará entre 4 y 5 años y permitirá que los viajeros al aeropuerto lleguen desde Medellín en 18 minutos. El desastre “móvil” será similar o peor al generado por la vía rápida a Santa Fé (que aniquiló la antigua vía colonial con la ruina sumada de decenas de pequeños negocios) y la tradicional “vuelta a Oriente” que daban los medellinenses de antes se volverá leyenda. En 5 años el retorno a la ciudad por el Túnel de las Palmas será un infierno sumado al del Túnel de Santa Fé. Pero la velocidad o la lentitud son lo de menos. Ya se han lanzado juiciosas llamadas de alerta y presentado tutelas sobre las fatales consecuencias ambientales del nuevo túnel, en especial a lo que atañe a la cantidad de pequeñas quebradas o riachuelos que corren bajo el leve manto de hierba de la montaña y el llano de Oriente y que serán afectadas, todas, corrientes centenarias en un amplio tramo de la vía que las aplastará o comprimirá, pero preocupan a los ingenieros y expertos aún más las que seguirán corriendo por encima del tubo de concreto, con filtraciones impredecibles. Las tutelas prenden alarmas acerca del “perjuicio irremediable sobre el medio ambiente, la participación que tienen los titulares de las reservas naturales… la protección de los derechos contra la violación y amenaza por parte de los accionados… el consentimiento previo… se deberá ordenar a la Gobernación de Antioquia detener la segunda fase del proceso y se exige a Cornare la medida que suspenda o revoque la licencia ambiental motivada concedida al proyecto y sus respectivos ajustes”. Pero no sucederá nada. En unas pocas semanas nuestro gris Gobernador desaparecerá para siempre de la política y su agobiado sucesor será el enjuiciado años después, en un mar de tejemanejes al mejor estilo capitalino. Ejemplo al paso, desde los años 20’s del siglo pasado la Carretera al Mar es un sartal de equivocaciones y pavorosas tragedias y nadie “ha tenido la culpa” sino la “indómita naturaleza antioqueña”, como si la ingeniería departamental no fuera científica sino asunto del azar de inviernos y veranos. Dios quiera que no ocurran grandes catástrofes. Pero que si las hay, asuman sus culpas los imprudentes, comisionistas y avivatos para quienes ahora la tajada empieza en “sólo” 850 mil millones de pesos.
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