Sobre los nuevos medios

  Por: Juan Sebastián Restrepo Mesa, Psicólogo  
 
Hace poco en un aeropuerto me puso a reflexionar un suceso. Estaba yo en mis habituales cavilaciones aeroportuarias, cuando del otro lado del pasillo sale caminando una Venus criolla que inmediatamente arrebató mis miradas, mis pensamientos y mis respiraciones. La seguí absorto en su belleza. En realidad casi todos la seguimos, hombres y mujeres, hasta que se perdió de nuestras miradas. Pero cuando busqué otra mirada masculina para hacer el habitual levantado de cejas que se acompaña de un suspiro y un sacudido de cabeza, expresando admiración e impotencia ante el paso de la bella fémina, encontré un hombre enfrascado en su pequeño y aburrido Blackberry.
Me pareció gravísimo el asunto. Pensé: ¡pobre idiota! Y en ese momento me di cuenta de que todo estaba llegando demasiado lejos. Estos aparatitos no solo están debilitando relaciones entre padres e hijos, suplantando relaciones amorosas e idiotizando al público general; están además perturbando la capacidad de admiración aeroportuaria de la belleza.
Por eso me propuse hablar sobre las nuevas tecnologías, los medios de comunicación en general y los nuevos medios en particular. Un medio, para que empecemos ordenadamente, es una “cosa que puede servir para un determinado fin”. Preguntémonos entonces: ¿Qué fin le estamos dando a nuestros medios tecnológicos y de comunicación?
Empecemos por los medios de comunicación. No perderé tiempo criticando la basura de nuestros medios televisivos y radiales con sus majestuosas vanidades, sus noticieros circenses, sus epopeyas de mafiosos heroicos, sus divas estandarizadas y su maquiavélico uso de la desinformación. Más bien traeré la pregunta a nosotros. ¿Para qué los usamos? ¿Cómo los usamos? ¿Cuánto tiempo invertimos en ellos?
Muchos dirán que para descansar, para pasar un rato agradable, para estar informado o instruirse. Pero lo que vemos día a día, es que nos volvemos consumidores pasivos, idiotizados, compulsivos de basura audiovisual. Cedemos al extraño trance que ofrece ese cuadradito de plasma que tenemos al frente. Está bien ver y oír un poco de basura. Pero cuánto tiempo, vida y lucidez le entregamos a esos cuadraditos.
Yo diría que los usamos también para evadir, para sumergirnos en nuestras fantásticas cárceles de deseos, miedos y frustraciones sin pasar por el selectivo filtro de la carne. Los usamos, y la mayoría dirá que estoy loco, para matar el poco tiempo que tenemos de vida, para renunciar al presente y entregarnos a nuestra frustración vigente.
¿Y los nuevos medios? ¿Internet, Messenger, Facebook, Twitter, están siendo medios para qué? Son avances maravillosos, están cambiando el mundo y las formas humanas de relación y comunicación. Pero ¿cómo los estamos usando?
¿Cuantos contactos, chats, mensajes electrónicos son importantes y significativos? ¿Cuánto tiempo se va en conversaciones estúpidas, en saludos baladíes? ¿Cuánta concentración perdemos cuando estamos conectados? ¿No se ha vuelto para muchos la conexión una forma de estar desconectados?
Lo cierto es que la distracción crónica, los problemas de atención, los contactos pobres y la mediocridad existencial crecen con nuestro inadecuado uso de los medios.
Les aseguro que hay parejas que se acuestan en la cama a chatear cada uno con su Blackberry. Yo seguiré admirando la belleza en los aeropuertos, mientras mis posibles contendores siguen dormidos en el limbo de sus maquinitas. ¡Tanto mejor para mí!
Los lectores más inteligentes probablemente se quedaron preguntando: ¿medios para qué?

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