Sobre lo oculto

Nuestro cuerpo vital, nuestro plano mental y emocional y nuestro yo, se ponen en evidencia por sus manifestaciones, pero no son objetivables por los sentidos corrientes
/ Jorge Vega Bravo

¿Qué es lo oculto? Es a su vez un adjetivo y el presente y participio del verbo ocultar, que proviene del latín occelere. (Ob: frente a, y celare: esconder) y, a su vez, del indoeuropeo kel: ocultar, presente en clandestino y célula.

En el lenguaje corriente, oculto es todo lo que está escondido o guardado, o lo que escapa a nuestra comprensión. Lo oculto tiene un atractivo para el ser humano. Pero el término se distorsionó. Se estiró y dio origen al “ismo”… Ocultismo: saco en el que hemos acomodado muchas corrientes, la mayor parte pensadas para engañar incautos y alimentar falsas ilusiones.

Rudolf Steiner, filósofo y científico austríaco, fundador de la Antroposofía y la Pedagogía Waldorf, escribió La Ciencia Oculta, un bosquejo. En la introducción aclara que el sentido de la palabra oculto está relacionado con lo que no podemos captar con los sentidos corrientes, lo que se esconde a la percepción y necesita ser conquistado, comprendido. La Ciencia Oculta relata –desde un punto de vista espiritual y no evidente– el proceso de evolución de la Tierra y de la humanidad. Cuenta cómo nuestro planeta ha pasado por otras tres etapas previas a la actual y relata cómo ha sido la evolución de la conciencia humana hasta nuestros días.

Desde una nueva antropología, que incluye el nivel espiritual, Steiner se ocupa del ser humano como un todo y escribe Una Fisiología Oculta, que parte de la observación de la naturaleza oculta del hombre. Por ejemplo, tenemos niveles no manifiestos de organización que llamamos cuerpos suprasensibles, que no son percibidos por los sentidos. Nuestro cuerpo vital, nuestro plano mental y emocional y nuestro yo, se ponen en evidencia por sus manifestaciones, pero no son objetivables por los sentidos corrientes.

Sabemos que tenemos órganos, pero no los vemos. El órgano más invisible de todos es el bazo. Es el único órgano vital que se puede sacar sin que se afecte la vida. Es el responsable de los ritmos internos: regula el encuentro entre los alimentos y la sangre, y es de gran importancia para el sistema inmune. Lo que nace en la medula ósea, muere en el bazo: allí fenecen los glóbulos rojos y las plaquetas después de cumplir su tarea. Solo lo reconocemos porque en el lenguaje común decimos “tengo bazo”, cuando sentimos una punzada en el vientre izquierdo. En la tradición ayurvédica es el portador del Prana, de la vitalidad.

Asuntos ocultos: Reporto con sentimiento de pesar el paso del umbral de dos personas cercanas: el columnista de Vivir en El Poblado, escritor, filósofo y diletante, José Gabriel Baena. Confieso que leía con gozo sus columnas y viajaba con él a otras realidades, a otras maneras de ver el mundo. Compartía con él ese extraño destino de ser hijos de libreros.

Y el médico veterinario David Botero Gómez, hermano del colega Camilo Botero G. –hoy oncólogo de orientación antroposófica, en Barcelona–. Tuve el gusto de atender a David en mi consulta y de recibir pacientes que me remitía de Entrerríos, Antioquia. Allí lo querían y lo valoraban como un gran ser humano, siempre dispuesto a servir. Hay mucho dolor y muchas preguntas en la comunidad de Entrerríos, donde David vivió y sirvió durante 20 años.
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