Sin conocer el balance

     
     Publicado en la edición 387, 1 abril de 2009 
       
     
    Sin conocer el balance
     
       
     
    Tal como reza el título de esta columna, aún sin conocer el balance definitivo que llevarán cada uno de los gobernadores del BID a sus países y sin saber si la propuesta de aumentar el capital de crédito que necesita el Banco para afrontar las secuelas de la crisis financiera se hará realidad alguna vez, deberíamos hacer un pequeño balance particular de unos temas que son propios de esta discusión y que seguramente atañen a más de uno en su fuero inmediato.
    Hay que distinguir claramente entre quienes se escudan en la palabra crisis para pescar en río revuelto y sacar provecho como por ejemplo quienes proponen la eliminación de empleados de trayectoria para reemplazarlos por unos nuevos a quienes sólo se les paga la mitad. O lo que es peor, escudarse en la palabra crisis para negar deudas, dilatar las inversiones necesarias para permitir que las empresas crezcan o negar el crédito o subir los intereses a tasas desproporcionadas escudándose en los altos riesgos que se podrían correr.
    Es claro que en Colombia hay que pensar en una reforma de fondo en el tema laboral, pues es verdad que hay cargas que se hacen impagables, por ejemplo en el caso de empleados temporales y que muchas veces llevan a que se les contrate sin las debidas garantías. Claro que es abrir una puerta difícil de controlar, pero también es cierto que no hacer algo que flexibilice ese tipo de contratación hace que muchos de esos trabajos se hagan a riesgo del propio empleado. Pagos parciales, inferiores al mes, por ejemplo, y aportados por diferentes patronos, podrían entrar a aportarle a los fondos municipal y departamental para atender a los beneficiarios de programas sociales como el Sisbén que hoy se tienen que financiar a través de impuestos.
    Igualmente, momentos de tantas dificultades deberían llevarnos a pensar si el sistema de contratación a término definido, hasta por tres períodos, es una manera justa o debería reemplazarse por una única vinculación y cambiar la estabilidad en los empleados por esquemas menos traumáticos al momento de pensar en una liquidación.
    En una de las anteriores crisis que experimentamos -una cada cinco años- un empresario decía que el tema había sido aprovechado por uno de sus amigos para despedir empleados del más bajo escalafón, dejar de comprar café para la oficina y usar el papel de reciclaje. Grandes esfuerzos que sólo aumentaron el número de desempleados y no aumentaron para nada las utilidades de la empresa.
    El tiempo no está para derroches, la verdad nunca lo ha estado, pero si no se rompe el círculo del miedo con inversión clara y con medidas inteligentes en nuestro propio entorno las visiones apocalípticas se harán realidad.