Símbolos verdes de Medellín

La historia de la primera entidad se remonta al siglo XIX cuando el lugar que ocupa hoy era conocido como la Casa de Baños El Edén, un centro de sano esparcimiento familiar parecido a los estaderos actuales; para un Medellín de 40 mil habitantes. En 1913, se convirtió en Bosque Centenario de la Independencia y luego simplemente en El Bosque. Pasaron 50 años como centro de actividad recreativa con su lago y sus barcas de remo, la gran pajarera en forma de pagoda, los senderos para pasear en burro, la zona de comidas típicas, los toldos de dulces y las atracciones mecánicas en las que sobresalía una gran rueda de Chicago. Un paseo obligatorio que permanece en la memoria de los medellinenses mayores. En 1972, El Bosque se transformó en el Jardín Botánico Joaquín Antonio Uribe, se conservó el lago y la vegetación, se construyó un gigantesco orquideorama, biblioteca, sala de exposiciones y conferencias, museos y restaurantes. Esta nueva etapa significó una lucha por sobrevivir en medio de la indiferencia oficial, de la empresa privada y la comunidad. Parecía en muchos casos que se convirtiera en parte de la selva de cemento.

Por fortuna hoy se encuentra en una etapa de renovación total como proyecto estratégico de la Alcaldía y el respaldo del Área Metropolitana del Valle de Aburra y Corantioquia. “Se busca un cambio de mentalidad que lleve a los ciudadanos a vivirlo como espacio público natural, como camino para formar personas comprometidas con su entorno y dispuestas a encontrarse con los demás y compartir armónicamente los sitios dispuestos para el disfrute de todos, un derecho vital común.”

Un plan a diez años que empieza con el orquideorama a entregarse en la Feria de las Flores, el cambio de muro por un cerramiento concebido como un parque que abraza al Jardín, el Patio de las Azaleas y el Edificio Científico, los trabajos de paisajismo, son obras para 2007.

Necesitamos convertir en realidad la frase que presenta el proyecto: “Nace un sueño y usted es parte de él”.

El segundo símbolo está representado por el Parque Zoológico Santa Fe, centro científico, educativo y recreativo fundado en 1960 por la Sociedad de Mejoras Públicas de Medellín en terrenos cedidos por la señora Mercedes Pérez de Sierra al sur de la ciudad, sobre la Avenida Guayabal. Fue el primer zoológico construido en el país.

Palmeras frutales, samanes, acacias, búcaros, carboneros, urapanes, guayacanes, ceibas y gualandayes, entre otros, crean el ambiente que rodea los animales, complementado por jardines, La Casa Museo, zonas de servicios y de administración. En el recorrido de casi 50 años muestra una historia con altibajos y problemas económicos, que se reflejan en el estado de deterioro de sus instalaciones. Se ha mantenido básicamente con el valor de las entradas que pagan unos 40 mil visitantes mensuales, en su mayoría niños.

Con toda la experiencia acumulada en medio siglo de existencia, el Zoológico Santa Fe, más que un punto de exhibición de animales silvestres, quiere convertirse en un centro de entretenimiento para la comunidad y un espacio para la diversión y la conservación de especies en vía de extinción. Un lugar donde todos son bienvenidos, sobre todos los niños.

Un recorrido que hicimos con un funcionario del zoológico nos puso a soñar con un paraíso encerrado por esas cinco hectáreas de terreno, para felicidad de todos los seres que lo habitan y de quienes lo visitan. Encontramos que se cambió la palabra jaula por hábitat o mejor por hogar. A cada uno se le dio un nombre maravillosos: La armadura, la gran sabana africana, historia natural, las criaturas de la noche, fantasía de colores, encopetadas, nuestro protagonista, un hábitat tropical, aguas peligrosas, animales perfumados, en fin, nos convierten el recorrido en un desafío para que averigüemos el significado de los nombres y recreemos la historia natural. Nos dimos cuenta también como la empresa privada y algunas entidades oficiales se vinculan al proyecto, pero se necesitan muchas más. Queremos, finalmente, destacar el esfuerzo de todas las personas que hacen posible que se mantengan y crezcan estas entidades. Una invitación muy especial para los colegios, la gente de empresas, en fin, la comunidad, para que sigan el desarrollo de estos procesos. El solo apoyo de pagar el valor de la entrada constituye un buen aporte.