Si no hay cambio…

Mientras en esta ciudad no modifiquemos rutinas, implementemos estrategias y cambiemos ese chip que nos hace considerar el carro como un símbolo de estatus social, nuestras vías seguirán convertidas en espacios de estancamiento y no de flujo

A medida que avanza el cobro de obras viales por Valorización en El Poblado, ahora cuando recién termina el 4to Foro Mundial de la Bicicleta y se inaugura el puente del paso a desnivel de la Transversal Inferior, vale la pena cuestionarse una vez más sobre la conveniencia o no de seguir ampliando en la ciudad la infraestructura para vehículos motorizados privados. No hay un estudio que determine a ciencia cierta si una menor oferta de vías y parqueaderos disuade a los conductores de usar su carro, pero expertos como Brent Toderian, consultor internacional sobre urbanismo y planeación y exdirector de Planeación de Vancouver, sugieren justamente eso, incluso lo reafirman al conocer a Medellín.

A Toderian se suman muchos otros urbanistas y especialistas en movilidad que ahora abogan por darle protagonismo, con urgencia, al transporte público, a los peatones y a las bicicletas, aunque dejan claro que no se trata de una guerra contra el automóvil. Bien lo expresaba el exalcalde de Bogotá, Enrique Peñalosa, en su ponencia durante el llamado Foro de la Bici, al declarar que las ciudades no pueden ser pensadas para los carros sino para la democratización del espacio público y la equidad de los ciudadanos. Las voces son cada vez más fuertes, porque cada vez son más dramáticos los casos de ciudades del mundo cuya malla vial no avanza al ritmo de la industria automotriz y porque, a la par, se incrementan los ejemplos de ciudades que han optado por el soterramiento de vías y la priorización al desplazamiento de peatones y ciclistas.

Entre tanto, Medellín, y en particular El Poblado, incluso con nuevas vías, sigue padeciendo con los tacos, y no se quedan atrás sectores como el Centro y Robledo, donde el tráfico también es insufrible. Uno de los grandes contrasentidos es que mientras muchos de los propietarios de vehículos particulares se quejan por las congestiones a las que contribuyen, también se niegan a la posibilidad de eliminar algunos trayectos que bien podrían hacer a pie, en transporte público o en bicicleta. Tampoco contribuye con su desempeño la Secretaría de Movilidad, que sigue siendo impotente frente a la ocupación irregular de las vías. En nada han cambiado, por ejemplo, situaciones abusivas que hemos denunciado de tiempo atrás en estas páginas, como el caso de Cinco S.A.S., empresa contratista de Claro, en Manila, cuyos vehículos generan el caos en las vías aledañas. Continúa también el parqueo sobre la vía en la gruta de la Virgen de La Aguacatala, a ambos lados de la 10, calle que particulares y empresas privadas como La Colmena Express usan como parqueadero, y no se ha reducido el estacionamiento sobre andenes y vías en Provenza y la Zona Rosa. En cuanto a Ciudad del Río, si bien en los últimos días ha habido más presencia de agentes de tránsito, apenas estos desaparecen, los visitantes vuelven a estacionarse donde no deben. La situación es más absurda si se tiene en cuenta que este sector -cada día con más habitantes y visitantes-, pretende ser un modelo de ciudad, pero no ofrece en este momento las opciones de parqueo necesarias.

En conclusión, mientras en esta ciudad no modifiquemos rutinas, implementemos estrategias y cambiemos ese chip que nos hace considerar el carro como un símbolo de estatus social, las vías seguirán convertidas en espacios de estancamiento y no de flujo.