Si el PIB fuera una persona

Por Juan Carlos Franco
Por Juan Carlos Franco / Francamente / opinion@vivirenelpoblado.com

Le gustan la contaminación, si su limpieza resulta muy costosa, y los trancones porque se consume más gasolina. Y le parece lo máximo que sigamos comprando y botando plásticos sin control.

Hace poco hubo alboroto porque el gerente del Banco de la República contó lo que sentía realmente sobre la economía del país: que no se ve tan bien como dice el gobierno y que el PIB crecería medio punto menos de lo esperado.

Todo el tiempo escuchamos noticias y leemos titulares sobre el crecimiento del PIB. Este numerito pretende abarcar todo el estado de la economía y del bienestar del país: 4,0% o más, todo bien; 2,0% o menos, todo mal.

Pero cada vez es más claro que el PIB es un concepto arbitrario, limitado, anticuado y engañoso que no representa el bienestar de un país. Menos aún en una economía moderna y con crecimiento poblacional bajo.

Si el PIB fuera una persona, como afirma el inglés David Pilling en su reciente libro El Delirio del Crecimiento, sería indiferente y ciega. Pues mide la producción de cualquier tipo, pero no le importa si es buena o mala.

El PIB se alegra -sube- si hay crimen, pues se requieren más cárceles y policías. O guerra, pues crece la demanda de armas y dotaciones. O desastres naturales, por los gastos de salvamento y reconstrucción. O si hay que demoler una obra -remember Space- porque quedó mal hecha.

Al PIB le gusta la contaminación, en especial si su limpieza resulta muy costosa. Le gustan los trancones porque se consume más gasolina. Y le parece lo máximo que sigamos comprando y botando plásticos sin control.

Al PIB le fascinaría que Quebradona salga adelante, hace fuerza porque las muy razonables objeciones ambientales y sociales de los vecinos de Suroeste sean vencidas y superadas, pues no concibe dejar todo ese cobre enterrado.

El PIB es incluso mercenario. Solo le interesan transacciones en las que se mueva dinero, pero con factura y todo. Un trabajo voluntario o en el hogar no le llama la atención. ¿Y la desigualdad? ¿Acaso le importa si los beneficios del crecimiento se distribuyen mal?

No sabe qué hacer con Internet. Hoy se programan unas vacaciones completas en minutos: vuelos, hoteles, vehículos, toures y restaurantes se compran o reservan sin moverse de casa y con plena satisfacción. Pero, caramba, esto no le gusta al PIB pues ese ahorro y esa conveniencia reducen la economía.

Nuestra calidad de vida y eficiencia han mejorado en tantos aspectos, sobre todo gracias a Internet, pero el PIB no lo refleja. Y entonces cunde el pesimismo.

Además, ¿hasta cuándo seguir obsesionados con el crecimiento si la población económicamente activa crece menos cada año, o incluso se reduce?

¡Es hora de dejar de medir y conducir una economía digital y robotizada con un índice obsoleto de tiempos análogos!

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