Sergio Villegas

 
 “Cortábamos palos de guayaba para hacer los árboles de Navidad” 
   
 “El Poblado siempre fue muy sano, muy sabroso, de los jóvenes de ese entonces, hoy en día no hay una sola persona que tenga alguna maña rara” 
   
 
 
   
 

Sergio Villegas. Más conocido como Chencho por sus amigos de El Poblado que se reúnen en la Tienda del Lleras. Estudió en el Colegio San José de Palermo pero terminó el bachillerato en la Escuela Militar José María Córdoba. En 1969 partió de Medellín hacia Estados Unidos, vivió allá 3 años; después se fue a vivir a Cali donde estudió Derecho en la Universidad San Buenaventura. Es dueño de una empresa de pulpa de uva Isabela en Ginebra, Valle, donde reside actualmente.

“Cuando llegamos al barrio Lleras había 46 casas repartidas entre la iglesia y la carrera 39, la familia nuestra fue la tercera en llegar, éramos 9 hermanos, mis papás eran periodistas, mi mamá sacaba una revista cada año para el día de las madres, todo el mundo se acuerda de aquella publicación, se llamaba Revista Madre, mi papá en cambio escribía la revista de nombre Raza,” recuerda Sergio Villegas, un muchacho travieso dirían las señoras en ese entonces.

¿En dónde estaba ubicada la casa de los Villegas?
La casa quedaba en la carrera 39 con La 10, al frente de los Vallejo y diagonal a los Vargas; la casa costó 6 mil 500 pesos, una casa esquinera que daba toda la vuelta, con un patio muy grande al que una vez entré a caballo. En ese entonces existía también el barrio Manila y después se formó el barrio Provenza.

¿Cómo era la vida en El Poblado?
Eramos como una sola familia, todas las familias del barrio Lleras nos conocíamos, el barrio era netamente residencial no como ahora, después de no venir a Medellín durante 6 ó 7 años fue que me encontré con la transformación que tuvo el barrio Lleras, un barrio que siempre fue muy sano, muy sabroso, me atrevo a decir que en ese entonces en El Poblado éramos tan correctos que hoy en día no hay una sola persona que tenga alguna maña rara, era la gente más sana, actualmente todos son profesionales o se ganan la vida de forma honrada, todos seres de una calidad humana suprema, ninguno cogió malos caminos.

¿Qué recuerda de la formación del barrio Provenza?
Cuando se formó Provenza, denominación adoptada del nombre de la finca que allí quedaba, propiedad de Ester Gómez, las casas eran de dos tipos, las tipo A eran de 2 plantas, y las tipo B, de 3 plantas, estas se levantaron en La 10 con carrera 39 donde terminaba el barrio Lleras. Me acuerdo que a la finca Provenza nos metíamos a coger pomas, y salía un mayordomo cojo de nombre Octavio a perseguirnos, pero nosotros nos metíamos a la finca de Eugenia Ángel de Vélez que tenía los anturios más hermosos, flores que nos llevábamos para ir a venderlas.

Cerca a Provenza había un sector de nombre San Jorge, junto a la iglesia de la Divina Eucaristía, en el que quedaba una manga donde jugábamos fútbol; un día, como yo me juntaba era con los grandes, es decir con los que tenían 13 ó 15 años y yo de 12, me quitaron la ropa y me sentaron en un hormiguero de cachonas. (risas)
En El Poblado también había una finca de nombre Astorga, de unos primos hermanos míos, el papá se llamaba Félix Gaitán casado con Manuelita Villa, hermana de mi mamá; otra finca era la de Ramón Hache que dio paso al barrio La Aurora.

¿Algún recuerdo de la Navidad?
Sí, de una finca, La Gloria, sacábamos el musgo para vender en Navidad, de esta misma finca nos tirábamos en los carros de rodillos o balineras, me acuerdo que una vez venían subiendo en carro los hermanos Copete, dos pilotos, y yo quedé debajo del carro de ellos en mi carro de balineras.

Me acuerdo también que en Navidad, en otra de las fincas de El Poblado de ese entonces, de nombre Los Guayabales donde hoy está el Hotel Intercontinental, nos íbamos a cortar palos de guayabas para hacer los árboles de Navidad y venderlos.

¿Memorias de infancia?
Varios de los amigos y mis hermanos estudiábamos en el colegio San José de Palermo, como yo era muy abejita, un día una monja me vistió de mujer, me puso boina y me llevó a pasear por todos los salones, al terminar el recorrido me quité el vestido y lo metí junto a la boina al sanitario. (risas) Yo era como de los más locaticos, me volaba en alguno de los carros de la casa, y tenían que ir a buscarme cuando alguna vecina llamaba a mi mamá y le decía: Lucila, Lucila por aquí está Sergio andando en 2 llantas, o me bajaba por las escalas del Parque Lleras en el carro; me pasaba La 10 en bicicleta sin mirar y de para atrás, un día me cogió un bus y me elevó hasta un toronjo; me montaba en todos los árboles del Lleras, especialmente un sector al que le decíamos El Paso de la Muerte, consistía en pasar de un palo a otro en todo el copo de estos, y como yo era flaquito pasaba sin problemas, pero una vez caí y aterricé en una banca del parque. (risas)