Ser feliz en el abrazo con los amigos

Catalina Ferrer, Alberto Ángel y María Lucía Vásquez. Fotos Juan David Caicedo
 
En televisión, charlas y jornadas, los Tutores de la felicidad brindan herramientas para vivir mejor
  
Por Laura Montoya Carvajal
 

En 2014, la vida de Alberto Ángel, Catalina Ferrer y María Lucía Vásquez trascurría entre el trabajo y los quehaceres familiares. Un día, la noticia de la muerte de Tuto, como le decían a su amigo Andrés Barrios, los sacudió y los llenó de preguntas.

Ninguno entendía cómo él se había ido del mundo. Alberto, a quien todos conocen como Beto Lanas, manifiesta que sintió un hueco en el pecho. Catalina se dio cuenta de que no era feliz trabajando como lo hacía y renunció. Y Luchy, como llaman a María Lucía, que se estaba dedicando a proyectos sociales, se congregó junto a sus amigos en memoria de Tuto.

Así nació Tutores de la felicidad. “Creamos una red de apoyo inicialmente entre amigos”, manifiesta Catalina. Al principio eran seis, y hoy son catorce, más tres voluntarios.

“Dijimos: tenemos que empezar a empoderarnos, dándonos herramientas a través de capacitaciones. Empezamos en una alianza con Monticelo a dar charlas sobre optimismo, resiliencia, invitando a la gente y a la primera conferencia fueron más de 400 personas”, continúa Catalina.

Las charlas son mensuales y gratuitas, y a ellas llegan profesionales de la salud, líderes espirituales y otros conferencistas. Además, cada semestre realizan jornadas de una mañana completa para profundizar en temas. También comenzaron a presentar un programa de televisión semanal por Televid, de entrevistas a personas que han pasado por crisis y la lección que aprendieron de ello.

“Es muy misional, muy del espíritu lo que estamos trabajando, no somos encantadores de serpientes, pero procuramos que la gente pueda salir adelante con sus problemas”, dice Beto.

Luchy aclara que comenzarán un trabajo constituido formalmente, de manera que Tutores siga creciendo. “Se trata de compartir esto con los que están cerca, y los de más allá. Para mí servir es algo que está constantemente en mi vida”, dice. Ella trabaja gestionando recursos para fundaciones sin ánimo de lucro.

“Toda la vida me estaba preguntando cuál era mi misión. Con la muerte de Tuto y la creación de Tutores la encontré”, dice Catalina. Después de retirarse de su trabajo como vendedora se dedicó a tutores y trabaja en una fundación para ayudar a mujeres menores de edad en embarazo.

Beto, por su parte, con problemas de salud y un trabajo que no le satisfacía, entró a Tutores y ahora que acaba de pensionarse, explica: “Me dedico a tutores casi diariamente, y la verdad me siento feliz, en un estilo de vida distinto al que llevaba cuando trabajaba”.