Señales de alegría

     
     

    Señales de alegría

     
       
     

    Es muy reconfortante tener la oportunidad de escribir una nota cargada de optimismo, especialmente en estos días cuando el ambiente de elecciones políticas colma todos los espacios de opinión.
    La transformación de nuestro barrio, iniciada hace un poco más de año con la adecuación de la Avenida El Poblado para darle prelación al peatón y organizar el tráfico de este sector, cambió sustancialmente la vida de nuestra comuna, pues, como nunca, el ciudadano común fue tomado en cuenta y las obras públicas y los impuestos fueron invertidos en mostrar respeto por el hombre de la calle.
    Este segundo semestre será el de las entregas, y coincide con un par de eventos que reflejan la fe en la ciudad de los inversionistas locales. Obras como La Strada y San Fernando Plaza, sumadas al Parque Lineal de La Presidenta, y a las otras obras que se construyen sobre la Avenida El Poblado, muestran una nueva ciudad y una fe en el futuro como hacía mucho tiempo no veíamos.
    En la edición número 2 de Vivir en El Poblado, en 1990, hablábamos de la transformación del barrio a través de las inversiones de particulares que dieron lugar a lo que hoy conocemos como Zona Rosa. Entonces el gran reclamo de todos eran las obras públicas que complementaran las inversiones de los particulares. Las solicitudes eran por aceras, parqueaderos, paraderos, jardineras, en suma, lo que se puede definir como orden. Nos hemos demorado mucho en lograrlo pero la sinergia que se ve en la Avenida El Poblado entre obras públicas e inversión privada, da cuenta de un esfuerzo conjunto que en resumen favorece a todos.
    Estamos seguros de que en La 10 sucederá lo mismo. La inversión privada reivindicará estos espacios públicos de calidad que se están construyendo, que si bien se han demorado mucho más de lo previsto, presagian una puerta de entrada a El Poblado digna y respetuosa. Es bueno tener en la mente siempre lo que había antes, lo que estamos remplazando, para que el cansancio por el pantano, no agote la alegría.