Seminario Mayor

     
    Seminario Mayor
     
     
     
    Por Carlos Arturo Fernández U.
     
    En 1962, el Seminario Mayor de la Arquidiócesis de Medellín dejó de funcionar en el viejo edificio del centro de la ciudad y se trasladó a una nueva sede que había sido construida a partir de 1959 por la oficina de arquitectos H. M. Rodríguez e Hijos, en la zona de Loreto. El antiguo edificio (hoy Centro Comercial Villanueva) fue obra del arquitecto italiano y sacerdote salesiano Giovanni Buscaglioni, desarrollada entre 1919 y 1928, dentro de los proyectos que acompañan la construcción de la Catedral de Villanueva.
    Es fácil percibir la enorme diferencia que separa el viejo edificio del nuevo; pero, sobre todo, conviene insistir en que este último proyectaba en su momento una imagen muy novedosa sobre Medellín, a partir del perfil de la gran cúpula de la capilla que, en realidad, es el único elemento del Seminario que efectivamente es visible desde la ciudad.
    La construcción del nuevo Seminario formaba parte de un proceso de renovación de la Arquidiócesis, liderado por Tulio Botero Salazar, arzobispo de Medellín a partir de 1957. En 1959, además del Seminario, Botero Salazar inicia el programa de los Barrios de Jesús para dar vivienda a los pobres y en 1960 promueve un amplio movimiento espiritual a través de la Gran Misión. Esos vientos de actualización, que continúan bajo el impacto del Concilio Vaticano II, conducen hasta la Conferencia Episcopal Latinoamericana de Medellín de 1968, que sesionó, justamente, en el Seminario. En síntesis, dentro del imaginario de la ciudad, aquella cúpula no sólo era una obra de arquitectura sino que estaba relacionada con un nuevo espíritu.
    H. M. Rodríguez e Hijos fue la oficina de arquitectos con más larga y amplia actividad en la ciudad a lo largo del siglo 20. Fundada por Horacio Marino Rodríguez en 1903, la oficina actuaba como una verdadera escuela de arquitectura en permanente renovación, lo que se percibe en el estudio y aplicación de nuevas ideas.
    La construcción de la capilla del Seminario corresponde a un momento en el cual se discute el rigor de la arquitectura racionalista, en gran medida bajo el impacto de las ideas del brasileño Oscar Niemeyer quien en ese entonces dirige la construcción de los edificios centrales de la nueva ciudad de Brasilia. Esa nueva arquitectura orgánica, en la cual cobra fundamental importancia el cálculo estructural para el desarrollo de complejas estructuras en hormigón armado, tiene amplia presencia en la ciudad. El organicismo busca una armonía básica entre las formas de la arquitectura y las del medio natural, muchas veces con la creación de estructuras curvas que son las propias de la naturaleza, en contra del predominio del ángulo recto de la arquitectura tradicional. Y, además, se hace patente el valor y belleza desnuda de los materiales, como el hormigón que se deja a la vista.
    Pero lo que interesa no es la búsqueda caprichosa de formas extrañas sino la creación de volúmenes y espacios nuevos, dinámicos y livianos, que permitan descubrir otras realidades vitales. En el caso de la capilla se logra la creación de esta gigantesca cúpula que, vista desde fuera, parece flotar suavemente sobre grandes arcos parabólicos y que genera un amplísimo espacio interior libre de soportes y de interferencias visuales. Y si, de alguna manera, la arquitectura crea mundos nuevos, la cúpula de esta capilla es como una especie de colina más en medio de las montañas orientales de la ciudad, sin romper con sus formas; y como un espacio para la libre expansión interior y el encuentro con Dios.
    En su propio terreno, también este edificio posibilitaba una experiencia religiosa nueva y actualizada, como la que cruzó la ciudad en ese momento.