Semana de 4 días

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/ José Gabriel Baena

Aparte de no hacer nada sin vergüenza soñando sueños me mantengo, muchos sobre los Grandes Misterios situados en otros mundos y algunos pocos acerca de trivialidades exacerbadas, al fin y al cabo hace tiempos fui humano. Amanecí en 2013 con las temibles guerras africanas, “terroristas” tuaregs, fuerzas francesas neocoloniales, pero no tardé en ser reconfortado con una noticia como joya deslumbrante: el 1 de febrero, en el País del Río Gambia, su dictador Jammeh decretó que la semana laboral para sus súbditos sea de sólo ¡cuatro días!, de lunes a jueves, de 8 a.m. a 6 p.m. Esto, con el fin de sumarle a los festivos religiosos de cada sábado y domingo los días viernes, para que los feligreses de Alá puedan dedicarle más tiempo a sus oraciones. Podrán trabajar el sábado los que quieran. Esto sitúa a Gambia en el mundo como el país más inteligente y avanzado en este asunto de ganarse el pan diario con sangre, sudor y lágrimas y se da por paradoja en ese país que es uno de los más pobres del mundo y el más pequeñito de África. Larguirucho y estrecho a lado y lado de un río escuálido, como nuestro Valle de Aburrá, con sólo 1.800.000 habitantes, como Medellín, cabe 100 veces en Colombia y vive escasa y únicamente de la agricultura, la pesca, el turismo y la impresión oficial de estampillas oficiales. Lo que quiero resaltar es que la doctrina derivada que se practica entre los gambianos es el sufismo, la parte más profunda y mística del Islam, su Camino del Amor. Dicen los lingüistas que “sufismo” viene de los vocablos árabes “safä”: pureza, o “süf”: lana en extremo pura, o del griego “sofía”: sabiduría; no es importante, pero sus textos y prácticas son fascinantes. Recuerdo una película de Peter Brooks que ví en “El Subterráneo” (1980), Encuentros con hombres notables, acerca del brujo caucasiano Gurdjieff, donde se presentaban notables apartes de las danzas sufís de horas y horas alrededor de la nada espiritual bajo hipnosis en el trance de vértigo del bailarín solitario. Son abundantes los textos sufís, hermosos, certeros, tan sabios, que datan desde los mismos tiempos de Mahoma y que invito a conocer. Dada nuestra curiosa similitud valleaburresca con esa Gambia exótica, qué tal si el Comendador nos decretara semana laboral de cuatro días durante el resto del siglo, para que nos olvidáramos de las siniestras catastroficialidades y valorizaciones que acaban de imponernos. Y que en toda Colombia hicieran lo mismo y pasáramos a llamarnos “Colgambia” –marca registrada-. Y nosotros, nuevos sufistas, seríamos como los antiguos, verdaderos y originales proponentes de la tolerancia, la paz y cualquier forma de violencia. Terminemos con citas sufís rompedoras de cabezas: “Hacer buenas preguntas es la mitad del aprendizaje. Lo que sea que tengas en tu mente, olvídalo. Lo que sea que tengas en tu mano, obséquialo. Lo que sea que sea tu destino, afróntalo. El Sol nunca le dice a la Tierra: ‘Tú me perteneces’. Mira lo que pasa con un amor así, que incendia de amor todo el Cielo. Ábrete a mí con la pureza de tu corazón de blanca lana de las ovejas de la luna, de tal modo que yo pueda abrirme a ti. Dame a ver tu Inspiración de tal manera que yo pueda ver la mía, y nadaremos juntos en los estanques del Dios”.
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