Saluti da San Pietro

     
     
     
    Saluti da San Pietro
     
     
    Desde los años sesenta, cuando el arte pop norteamericano se extiende como una moda universal, Beatriz González afirma sus diferencias conceptuales con el mismo, pero reconoce el interés de algunos de sus mecanismos
     
     
     
     
     
     *Por Carlos Arturo Fernández U., miembro del Grupo de Investigación en Teoría e Historia del Arte en Colombia, de la Universidad de Antioquia. Profesor de la Facultad de Artes de la Universidad de Antioquia. 
     
     
     
    Por Carlos Arturo Fernández U.
     
     Beatriz González (Bucaramanga, 1938) es, sin lugar a dudas, una de las claves fundamentales del arte colombiano del último medio siglo porque, a lo largo de todo su trabajo, desarrolla una reflexión permanente, cargada de implicaciones y de variables, acerca de las condiciones y significados de las imágenes en los marcos históricos de la cultura nacional, con la que se reconoce estrechamente vinculada.
    Desde los años sesenta, cuando el arte pop norteamericano se extiende como una moda universal, Beatriz González afirma sus diferencias conceptuales con el mismo, pero reconoce el interés de algunos de sus mecanismos. En concreto, utiliza fotografías encontradas en periódicos para transformarlas en pinturas únicas en las cuales, por medio del color, se sumerge en el mundo interior de los seres anónimos que la foto no revelaba. O se dedica a descubrir significados latentes en las imágenes de obras de arte o de personajes de la historia nacional o de la vida contemporánea que, por su reproducción incesante, acaban convertidas en lugares comunes y anónimos, privadas de su carga original. En este sentido, el interés de Beatriz González está dirigido a las manifestaciones de la cultura popular, con una mirada ácida y crítica que no se contenta con los valores establecidos.
    “Saluti da San Pietro, trisagio”, de 1971, en la colección del Museo de Arte Moderno de Medellín, pertenece a una serie de muebles u objetos cotidianos casi siempre metálicos, normalmente fabricados para comercios populares, que Beatriz González adquiere y utiliza como base y marco de sus pinturas.
    En este caso se trata de tres nocheros metálicos, cada uno de ellos de 61 centímetros de altura y 38 de anchura y de profundidad, que en la tapa superior presentan sendas imágenes de los papas Pío XII, Juan XXIII y Pablo VI, realizadas en pintura de esmalte, como la que habitualmente se utiliza para trabajar este tipo de muebles; los nocheros se completan con decoraciones de gusto popular que se remiten de manera directa a las prácticas artesanales. No existe aquí, por supuesto, ningún descalificativo de ese gusto que, por el contrario, es la herramienta fundamental para investigar, en este caso, sobre la significación de la iconografía religiosa y, más en concreto, sobre la presencia de la institución de la iglesia católica en nuestro contexto social.
    Es claro que en “Saluti da San Pietro, trisagio” se presentan los tres papas que hasta ese momento conocía una persona de la edad de Beatriz González (Pío XII fue elegido en 1939). Pero impacta la manera genérica y plana como son representados; en realidad, no se representan los papas sino que se representa su representación, lo que los convierte en seres abstractos.
    Y esa mirada sí es crítica e irónica porque, en última instancia, se hace patente la múltiple contradicción entre un poder que nuestro contexto entiende como infinito y trascendental, su presencia inmediata (¡están en el nochero, lo que es más evidente que la presencia de Dios que está en todas partes!), la imagen mediatizada que tenemos de ellos y, en fin, su condición irreal y abstracta. Como si todo este mundo religioso se redujera, en realidad, a unos saludos que nos llegan desde Roma.
    Beatriz González ha afirmado siempre que el suyo es, ante todo, un arte provinciano, alejado de las ínfulas de los circuitos estéticos internacionales y con pocas posibilidades de moverse en ese sistema. Sin embargo, ella, que es una profunda estudiosa e investigadora de la historia del arte universal, sabe muy bien que todos los grandes artistas siempre fueron provincianos.
    Y nosotros, que pensamos que Beatriz González es una artista del más alto nivel, sabemos que es en la reflexión sobre su propia parcela histórica y geográfica donde todos los “grandes provincianos” han descubierto siempre las luces y las sombras de la existencia humana.