Sabor agridulce

Sabor agridulce
Sobre lo que aún hay una total incertidumbre es en lo relativo al porvenir de las familias de Asensi y Continental Towers

Por fin la Alcaldía de Medellín anunció lo que se esperaba hace muchos meses: la fecha -confiamos en que irrevocable- de la demolición sin condiciones de las cuatro torres de Space, implosión que estaba en mora de hacerse desde varios meses atrás, pero que dados los diferentes recursos utilizados por la constructora Lérida CDO, se había dilatado sin justificación razonable.

Da un respiro saber que la Alcaldía ha hecho valer su autoridad, por encima de cualquier tipo de presión o poder, aunque en cierto sentido los constructores se salieron con la suya: Lérida CDO –ahora en liquidación– arguyó no tener recursos económicos para hacer la implosión, y la Alcaldía, es decir, todos los ciudadanos, deberá asumir (por el momento) un costo aproximado de mil quinientos millones de pesos: setecientos ochenta de la implosión, veinticinco del plan de manejo ambiental y seiscientos noventa y cinco de la recolección de escombros.

Eso sí, difícil predecir cuándo se recuperará ese dinero, si se tiene en cuenta que aún la constructora no le ha pagado al Municipio 3.498 millones de pesos que le adeuda por la atención de la tragedia hace ya 11 meses, según cifras suministradas por la Gerencia de Vivienda Segura.

Pero al menos esos edificios, de muy ingrata recordación, no seguirán constituyendo una amenaza y dejarán de ser el coco de los damnificados, que no tenían paz con la reiterada y absurda propuesta de una supuesta rehabilitación. Además, si los constructores de Space no tienen dinero para la implosión, ¿con qué se supone que iban a rehabilitar las torres? Tenía que ser con una suma millonaria, sin duda, puesto que se requiere mucho más que un estuco para hacer habitables edificios con graves daños en su estructura. A simple vista, se diría que sale más barata la implosión… Claro… a no ser que esa no fuera exactamente la idea, pues en el mundo de los negocios -y la construcción es uno de ellos- las posibilidades son inconmensurables.

Este capítulo parece entonces estar llegando a su fin, en lo que a Space se refiere, al menos en dos de sus aspectos fundamentales: la demolición de todas las torres y los arreglos con las familias, como lo informamos en una nota en esta edición. Siguen pendientes asuntos no menos importantes, por supuesto, como las decisiones penales derivadas de la tragedia, el anunciado informe final de la Universidad de Los Andes sobre sus causas, y el futuro del terreno.

Pero sobre lo que aún hay una total incertidumbre es en lo relativo al porvenir de las familias de Asensi y Continental Towers, también construidas por CDO en El Poblado y evacuadas meses atrás por orden del Dagrd. Estas torres, según un informe de la Universidad de Los Andes, si es posible rehabilitarlas y ocuparlas de nuevo. De hecho, CDO adelanta una propuesta en este sentido para presentarla próximamente a las autoridades. El problema está en que los propietarios de dichos apartamentos aseguran que no se irán a vivir a unas viviendas rehabilitadas. Para ellos, pues, el tiempo seguirá corriendo más lentamente de lo que ya ha corrido para los damnificados de Space. Lo que no puede pasar es que los dejemos en el olvido, como si la destrucción de las cuatro torres el próximo 23 de septiembre significara borrón y cuenta nueva.