Ritmo y salud

Vivimos en un amplio sistema de procesos ordenados por ritmos. Pero la vida actual se caracteriza por una creciente independencia de las relaciones rítmicas. Nos separamos de los ritmos cósmicos. Con la prisa perdemos el ritmo musical interior
/ Jorge Vega Bravo

Un aspecto importante del encuentro entre médico y paciente es el tema del ritmo. Día a día hacemos un diagnóstico genérico de “arritmia vital” o “alteración de los ritmos básicos”. La velocidad que propone la época actual, donde lo que importa es la eficiencia, nos aboca a vivir sin respeto por los ritmos.

La aceptación de una organización temporal en los seres vivos es un tema reciente en la biología. Tomó mucho tiempo comprender que la estructura básica -la figura- de los organismos vivos es el resultado de procesos temporales. “Todos los procesos vitales se basan en procesos rítmicos periódicamente estructurados. Los ritmos son un fenómeno fundamental de todo lo viviente” (B. Rosslenbroich. La Organización rítmica del ser humano)

Así como tenemos un organismo espacial -cuerpo físico- también tenemos un organismo temporal que llamamos cuerpo vital. “La estructura básica de la configuración temporal del organismo es la estructura del ritmo… Sin el ritmo no puede haber vida; de él emana toda vida” (Ibíd.) La cronobiología o investigación del ritmo biológico se abre paso en la biología moderna.

Para R. Steiner, “ritmo es la ley que regula el movimiento”. Como toda ley, tiene que ver con un mundo que trasciende el plano material y se enmarca en lo universal. Estamos inmersos en una serie de ritmos cósmicos que ya los antiguos habían observado. Los antiguos griegos conocían el período que tarda la Tierra en dar una vuelta completa por la precesión de los equinoccios; es el giro completo del eje de rotación de la Tierra en torno al actual Polo Norte de la eclíptica y fue nombrado como año platónico o ciclo equinoccial; dura aproximadamente 25.920 años. Este ciclo ya había sido observado por los antiguos mayas y egipcios.

El organismo humano vive en un amplio sistema de procesos rítmicamente ordenados. El ritmo básico es el ritmo día-noche. En el día transformamos el mundo y gastamos la vida en procesos de pensar, sentir y actuar. En la noche recuperamos la vitalidad que la conciencia consume en el día. Noche y día reúnen las grandes polaridades del universo, de la naturaleza y de lo vivo. Inmersos en el ritmo del día -ritmo del yo- tenemos unos ritmos de onda corta: los del sistema nervioso y sensorial (frecuencias de milisegundos); unos ritmos de onda media: los de la respiración, la circulación y la musculatura lisa (frecuencias medidas por minuto) y unos ritmos de onda larga: los del metabolismo (por horas) y otros que sobrepasan la frecuencia del día y se relacionan con los ritmos del mundo circundante: ejemplos de estos son los ritmos semanales -relacionados con lo anímico- ; los ritmos mensuales: reproducción, menstruación; y los ritmos anuales: crecimiento, involución, adaptación al medio. Los ritmos de 7 años están presentes en todas las culturas y nos hemos referido a ellos en columnas de las ediciones 440 y 450 de Vivir en El Poblado.

Vivimos en un amplio sistema de procesos ordenados por ritmos. Pero la vida actual se caracteriza por una creciente independencia de las relaciones rítmicas. Nos separamos de los ritmos cósmicos. Con la prisa perdemos el ritmo musical interior que está marcado por la relación 4:1. Cuatro pulsaciones por una respiración, ritmo que recobramos en el sueño profundo. Todo proceso de curación pasa por la recuperación de los ritmos. La salud cabalga en el ritmo-.
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