Richard Bona, la fusión del jazz

 
 

Richard Bona, la fusión del jazz

 
   
 

Algunos lo llaman el monstruo, otros lo comparan con Jaco Pastorius, figura legendaria del jazz

 
   
 

Desde los cinco años practicaba guitarra, flauta y percusión. Este camerunés llegó al género del jazz por un francés que buscaba músicos para su bar. Su padre y la diversidad musical del país le dieron un estilo único. Hoy dice que disfruta de todos los géneros y de todos aprende algo nuevo, sin embargo se mantiene auténtico a sus raíces africanas. Después de vivir 7 años en París hoy está radicado en Nueva York donde dice encontrar toda la variedad musical posible.

 
   
 
 
  Logró que el público cantara, chasqueara los dedos y algunos hasta gritaron y bailaron. 
   
 

Richard Bona, el fenómeno del bajo en el jazz, estuvo en Medellín y habló para Vivir en El Poblado.

¿Por qué cree que tiene tantos seguidores en el mundo cantando la mayoría de sus canciones en su lengua natal (dauola)?

Mi música está por encima del lenguaje, hablamos a través de la música. Cuando oyes buena música no importa lo que dice, tú haces tu propia historia. Cuando oí por primera vez a Mozart o Stevie Wonder no necesité que me dieran explicaciones, solo me tocó el corazón y eso es lo más importante en la música.

Si las palabras son prescindibles ¿por qué no sacar un disco solo instrumental?

Para mis propios discos no lo he pensado, tal vez algún día, no cerraré la puerta.

Ha sido comparado con Jaco Pastorius pero él siempre criticó en los artistas la tendencia a quedarse en su pasado, algo que es muy característico suyo.

Lo que otra gente piensa de mí no es realmente importante, lo que importa es lo que pienso de mi mismo. Jaco me influenció como muchos otros músicos. En la industria musical la gente tiende a comparar y a decir cosas porque toco el bajo y canto y siempre buscarán algo que decir para relacionarme con algo, pero eso no importa, amo lo que estoy haciendo. Respeto mucho a Jaco y lo que hizo, pero no se puede comparar, somos muy distintos, él nunca cantó y yo sí lo hago, así como él hizo cosas que yo no. Pero es bueno tenerlo a él como punto de comparación.

¿Le gustaría ser comparado con alguien más?
Conmigo mismo

De todos esos géneros que le gusta explorar ¿a cuál se dedica en este momento?
Estoy explorando la música indígena igual que en mi último álbum, por el cual viajé a Brasil. Me encanta viajar, aprender. El día que sienta que no puedo aprender más será el día en que deba parar, pero ahora siento que hay mucho allá afuera y me gusta conocer otros artistas, tener nueva información para enriquecer más la música.

¿Esa exploración indígena es lo que encontraremos en su próximo álbum?
Ya veremos cuando salga el disco. Algunas veces estás yendo en una dirección y después de la grabación todo el trabajo parece haber tomado otra dirección así que es una de esas cosas que no se puede predecir, ya sabes, como un mapa, lo pinto y al final no estoy en el lugar en el que creía estar. Lo más importante es que al final esté contento con el resultado, así que empiezo con retazos y en 2008 viajaré mucho, no sé dónde me sentiré inspirado.

¿Ha explorado la música colombiana?
Esta es mi primera visita a Colombia, la primera vez que estuve en Bogotá no conocí a nadie y nunca sentí como que hubiera estado aquí porque el promotor nos advirtió mucho sobre la inseguridad y los secuestros; por eso no pude estar ni un día aquí. Estuve en Jazz al Parque e inmediatamente regresé a Nueva York. Esta vez planeo comprar algunos discos, conocer músicos locales y compartir algo para aprender.

El concierto
Un bajo de color rojo encendido, pantalón de cuadro coloridos, camisa amarilla y unas rastas largas y oscuras como su piel, componían al artista camerunés en la noche de su concierto de jazz. Las cortadas en la manos por una mala reacción a unos medicamentos le impidieron practicar durante los diez días previos al concierto, pero eso no fue suficiente para que el show dejara de ser un éxito y el público disfrutara al máximo de Bona. Predominaron los ritmos latinos y africanos, y los efectos y sonidos experimentales con su voz y con el bajo.

El público muy atento, esperaba el final de unas canciones para estallar en aplausos y bravos. En otros temas, conducidos por Bona, cantaron hombres y luego mujeres. Se oyeron gritos de “I love you”, “Monstruo” y el tradicional “otra”.

Los pocos amantes de este género que fueron, pasaron una noche de música memorable. Bona tiene la virtud de pasar por muchos tonos de voz fácilmente y de hacer de una canción antigua sin instrumentos y de palabras incomprensibles una melodía conmovedora. Tiene además un carisma para comunicarse con el público aunque no hable español; balbuceando “bandeja paisa”, “caliente” y “caballeros” y haciendo participar al público, generó la química necesaria para hacer de una presentación excelente algo maravilloso.

El quinteto de Richard Bona está compuesto además por un saxofonista neoyorquino, un un teclista surinamés, un cubano en la batería y un percusionista bogotano. Todos ellos también descrestaron al público con solos durante el concierto.