Queareparaenamorate me enamoró

Que arepa raenamorate me enamoró
A la hora de pedir la cena la decisión no fue fácil, cada plato es una delicadeza de la cocina campesina

Recién llegados con mi esposa Matild e a Medellín, unos amigos nos dijeron: “tienen que ir a un restaurante nuevo que abrieron en las partidas de La Fe para El Retiro”, especializado en comida colombiana.

Durante la semana nos dirigimos a la zona y preguntamos a los vecinos por la dirección de un restaurante nuevo; nos dijeron que creían se trataba de uno que habían abierto hacía tres semanas llamado “queareparaenamorate”. Llegamos a las 5 y media de la tarde.

Inmediatamente nos dieron la bienvenida, nos invitaron a conocer el lugar y a seleccionar la mesa que quisiéramos. Queareparaenamorarte está construido utilizando una casa antigua de la zona acoplada armónicamente con una construcción nueva. En la primera están localizados el bar y la administración; en la segunda la cocina y el comedor principal.

El bar permite sentarse alrededor de cómodas mesas situadas en los corredores exteriores de la casa o en su interior en el que dispone también de una barra, adonde los visitantes pueden conversar y tomarse unos aperitivos; en el exterior, cerca a la puerta de acceso al bar, hay un gran tablero verde con especialidades para disfrutar mientras se comparte una conversación y unos tragos. Ese día la oferta era bien tentadora: “Enrollado de chancho”, “papitas de fondo”, “parentela de empanadas”, “chicharrón”, “cuarta de morcilla”, “palangana de carnes”, y “recua de chorizos”.

La cocina
La zona de cocina y el comedor está arreglada en un gran salón con amplias ventanas que permiten disfrutar visualmente del parque circundante, si el frío se deja sentir se cierran las ventanas constituidas por piezas de carpa enrollables, como las que utilizaban los tradicionales camiones de escalera que hace años comunicaban a los pueblos de Antioquia con Medellín. La cocina consta de dos partes: la primera totalmente abierta hacia el salón, en sus paredes se observan prolijamente ordenados los platos, ollas y demás utensilios necesarios para la preparación y servicio de los alimentos, cuenta además con grandes mesadas para hacer las labores de preparación y limpieza de trastes, una súper cocina con 16 hornallas y 4 freidoras de canasta que permiten freír con el aceite a la temperatura ideal para estos menesteres; la segunda tiene una parrilla al carbón para preparar las cocciones que requieren el calor de la brasa, y un gran horno de leña, construido en ladrillo y que con una técnica novedosa permite cocer grandes piezas dentro de una caneca de latón de 55 galones. El comedor dispone de mesas grandes que acomodan cómodamente 6 u 8 personas, separadas entre ellas razonablemente para que la conversación no interfiera con la de los vecinos, además de una mesa barra que acomoda fácilmente 12 comensales.

Para empezar en el bar mientras compartíamos algunas porciones de ecuanil líquido (viene en dos versiones: transparente y marrón) y de un vino tinto Carmenere de Viña Carmen, nos dejamos tentar con las papitas de fondo (vienen acompañadas de varios picantes, les recomiendo el ají de guanábana, una combinación de piezas de esta fruta con cilantro, pimienta de cayena y otros ingredientes secretos de la casa) y del enrollado de chancho. Versiones delicadas de dos platos tradicionales de la cocina campesina colombiana: las papas rellenas y un enrollado frío de tocino cocido al horno sazonado con romero y acompañado con bastoncitos de plátano verde.

La comida
A la hora de pedir la cena la decisión no fue fácil, cada plato es una delicadeza de la cocina campesina, aquella que ha ido desapareciendo a través de los años para ser reemplazada por las hamburguesas, las pizzas, los pollos rostizados, etcétera. El dueño del lugar y sus ayudantes han invertido años en la labor de investigar y recuperar sabores perdidos; la carta incluye comida tradicional de diferentes lugares de Colombia: costa Pacífica y Atlántica, Valle del Cauca, Antioquia y Caldas, altiplano cundiboyacense y Santander en diferentes categorías: Antojos (2), sopas (2), ni mucho ni muy poquito (5), los contundentes (7), para compartir (4) y como “grand finale” 4 opciones para endulzar el paladar.

Finalmente nos decidimos por porciones individuales de: Sopa de arracacha con orejitas; tazón de fríjoles verdes con costilla acompañado de carne en polvo, patas de chicharrón y plátano maduro; tamal de Guapi “litoral Pacífico” consistente en un envuelto de plátano, coco, róbalo y camarón; y róbalo cartagenero al escabeche, conformado por un gran filete de róbalo apanado, bañado en cebollas y pimentones en vinagre caliente. La comida estaba tan deliciosa que hubo que rogarle al vecino para que nos dejara probar una porción (minúscula) de su plato. En adición reconozco que la sopa de arracacha con orejitas me hizo arrepentir de ¡seis décadas peleado con dicho sabor!

Para terminar ordenamos papayas en almíbar (en cascos delgados acompañados de queso campesino) y pasión de chapolera (helado de café con derretido de cacao), cada uno mejor que el otro.

Calificación
La atención y el servicio fueron impecables, además la posibilidad de mirar la cocina abierta es de por sí un espectáculo y permite vislumbrar las condiciones de limpieza, orden y respeto que se tiene por los productos que consumirán los comensales.

Queareparaenamorarte es una propuesta diferente de la comida del país, alejada de platos tradicionales como la “bandeja paisa” y el “ajiaco”, que merece ser ensayada por todo aquel que quiera tentarse con sabores nuevos o reencontrar antiguos perdidos en la memoria gustativa.

Recomiendo reservar llamando previamente al 542 0011 ó al 316 741 4458. Una visita a http://www.arepamor.com le permitirá al lector anticipar lo que va a encontrar en su visita.

Medellín / Buenos Aires, septiembre de 2007.