Problema de ruido sigue causando controversia

 
 
   
 

Concepto de la Inspección de Policía 14A
“Zambia opera de manera legal, porque cuenta con la licencia de la Curaduría Tercera, porque su negocio corresponde a los usos del suelo del lugar, además están acreditados con el certificado de condiciones sanitarias”, afirma Ahída Ladino, Inspectora de Policía 14A. En esos términos, el año pasado, la funcionaria comentó que el spa opera en un corredor de cobertura barrial, es decir, un espacio donde pueden converger diversas actividades comerciales. De igual manera, Zambia -como se conoce desde antes- está habilitado para ejercer comercialización al por menor de peces, aves, perros y gatos. Sin embargo, aunque los papeles estén en regla, los afectados por el ruido preguntan: ¿Dónde quedaron las mediciones de ruido anunciadas desde 2006?

No hay quién mida el ruido
“Se solicitó al Área Metropolitana hacer las mediciones correspondientes, pero aseguraron que no les correspondía realizarlas porque el despacho competente era la Secretaría de Salud”, explica la Inspectora 14A. A su vez, Alejandra Hoyos, Asesora Jurídica del Área Metropolitana, afirma que a esa entidad ambiental no le corresponde ejecutar esas mediciones en el centro de mascotas, ya que solo puede hacerlo en establecimientos abiertos al público y en empresas donde se genera ruido.

Entonces fue necesario indagar en la Secretaría de Salud y la respuesta también fue desalentadora. Raúl Rojo, ingeniero sanitario de ese despacho comentó que ellos no tienen la competencia para medir el ruido. “Nosotros no disponemos de equipos y personal calificado para medir el ruido en establecimientos y carecemos de un soporte jurídico para hacerlo”.

Por otro lado, según la resolución 627 de 2006, expedida por el Ministerio de Medio Ambiente, en la zonas residenciales y educativas, durante el día, el ruido no puede sobrepasar un tope de 65 decibeles. En horario nocturno, la norma establece que los niveles no pueden ascender más allá de los 55 decibeles.

Un decibel es la unidad de referencia para medir la potencia de una señal o la intensidad de un sonido. Por citar algunas proporciones, el sonido de un avión equivale a 130 decibeles, el ruido producido por una motosierra puede generar 100 decibeles y 60 decibeles son generados en una conversación cotidiana entre dos interlocutores.

Hablan los administradores
Nubia Gaviria administra el Edificio Jamaica y asegura que la situación sigue sin cambios positivos. “A los perros los dejan sueltos y ladran a todas horas del día y de la noche”. Inclusive, dice, un residente grabó un video desde el sexto piso donde se advierte la intensidad del ruido. Comenta que los sonidos son más intensos los fines de semana, pues esos días los dueños dejan a sus mascotas al cuidado de Zambia.

Por su parte, Alexandra Monsalve de Abad Faciolince, Administradora de la Urbanización Pie de Monte, otro conjunto residencial perjudicado, expone que “los copropietarios están desesperados porque ancianos y niños no pueden conciliar el sueño los fines de semana y todo se torna insoportable cuando los perros del edificio responden a los ladridos que provienen del negocio”. Adicional a esto, los copropietarios estudian la posibilidad de instaurar acciones de tutela y una Acción Popular.

La posición de Zambia
Andrés Acosta, dueño del local, respondió en la segunda quincena de diciembre que “el negocio cuenta con una zona cubierta para que los perros duerman y entren de 7:00 p.m. a 8:00 a.m. Ningún perro duerme afuera en la terraza (por el frío). Todas las mascotas duermen en un área especial, insonorizada en los bajos del almacén…”. Hasta el cierre de esta edición, Vivir en El Poblado intentó dialogar de nuevo con el propietario o con una persona autorizada para ello, pero fue imposible establecer algún tipo de contacto, pues Andrés Acosta se encuentra fuera del país, según dijeron en su negocio.

¿Quién solucionará esta problemática de convivencia? Por ahora, la respuesta está perdida en el aire.