Perseverar y dejar que el camino se aclare

  
 Por: Carolina Zuleta Maya 
 Todo lo que ahora existe, todo lo que vemos, conocemos y admiramos fue antes parte de la imaginación de una persona. De la misma manera, todo lo que imaginas hoy puede ser una realidad mañana. Albert Einstein decía: “No es que yo sea más inteligente, es que estoy con el problema por más tiempo”.
Jeff Hoffman, uno de los empresarios más exitosos de EEUU, dice que la diferencia entre él y las personas que no han logrado el éxito empresarial es que él se comprometió a completar un proyecto; después de pasar muchos años hablando con sus compañeros del trabajo sobre ideas de nuevas empresas, fue el único que finalmente renunció y se dedicó a materializar la iniciativa que tenía.
Muchas personas se rinden ante sus sueños antes de dar siquiera el primer paso. Estamos llenos de excusas de por qué NO hacerlo, pero la verdad es que la causa que está por debajo de todas estas excusas, es miedo. El miedo es, tal vez, la peor razón que tenemos para hacer o dejar de hacer las cosas.
Muchas personas se pasan la vida esperando el momento perfecto para ejecutar un sueño. Pero el mejor momento es cuando tienes la inspiración para hacerlo. Ese momento en que se te ocurre la idea, cuando sientes que tu mente está girando rápido y sientes la energía en el cuerpo, es ahí cuando debes empezar a cumplir tu sueño. No estoy hablando de inspiraciones divinas, estoy hablando de ese momento en que se te ocurre llamar a alguien para que te contacte con otra persona, ese momento en que te nace hacer ejercicio. Déjate llevar por la inspiración, haz la llamada, haz ejercicio, escribe tu idea.
Una causa muy común para no perseguir una meta, es porque no sabemos cómo lo vamos a lograr. Desde donde estamos no podemos ver el camino, no conocemos cada paso para llegar a esa meta y, por tanto, concluimos equivocadamente que es imposible. Pero es que era imposible para Steve Jobs, fundador de Apple, saber que la clase de caligrafía que tomó en la Universidad iba a ser lo que lo iba a inspirar a crear diferentes tipos de letra en los computadores; hoy, gracias a que algún día este señor decidió tomar esa clase, nosotros podemos cambiar de fuente cuando escribimos un texto. Así que no te limites, tendrás claridad frente a cuál es el segundo paso cuando termines el primero, pues cada que alcanzas una pequeña meta tienes un nuevo punto de vista y, por consiguiente, puedes saber a dónde seguir. Abraza la incertidumbre en el camino hacia tu sueño, confía en ti, cree en que de alguna manera vas a descifrar como seguir.
Hazte una sola promesa en este año que empieza, sin importar que sueño decidas cumplir, te vas a comprometer contigo mismo a completarlo.
Como decía Lao-Tse, “un viaje de mil millas empieza con el primer paso”.

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