Párvulos Intelectuales II

Más que miedo a una derrota militar le tienen miedo a pasar a la irrelevancia, a dejar de ser divas y a que el país se olvide de ellos

/ Juan Carlos Franco

Hablábamos en la columna anterior sobre cómo piensa y actúa la guerrilla colombiana, tanto Farc estalinista como ELN maoísta. No importa la diferencia, a los desdichados países que les han aplicado estas ideologías les han destruido la sociedad, la propiedad, las familias y han crecido el Estado hasta hacerlo dueño de todo. Incluyendo la libertad. Hablábamos de cómo sus concepciones del mundo no necesitan estar atadas a los hechos ni a la historia, solo cuando les conviene. La única realidad que cuenta es la que ellos inventan, hilando con destreza medias verdades.

¿Qué pasaría, entonces, si el proceso de paz llega a buen término? Es decir, si hay una firma y las armas no vuelven a usarse, las minas no se instalan y los atentados cesan. Los guerrilleros del monte no disparan, posiblemente se concentran y el ejército no los ataca. Y las milicias urbanas encuentran otro oficio. Puede ser que varios o muchos de sus comandantes ingresen a la política y busquen por fin alcanzar objetivos políticos por medios pacíficos. Y que sus tropas se vayan reintegrando a la sociedad civil.

¿Qué puede pensar un mando medio o alto de estos movimientos, acostumbrado a mandar de manera casi monárquica, si de un momento a otro se ve lanzado a la arena política? ¿Se someterá dócilmente a la democracia, que incluye el cumplimiento de unas reglas y una alta probabilidad de no ganar? ¿Será capaz de aceptar y asumir una derrota en las urnas? ¿Esperará otros cuatro años y tratará de hacer mejor la tarea para la próxima vez? Difícil. Eso no está en su ADN. Ellos no se meten a nada que no estén seguros de poder ganar. Si es por las buenas o por las malas, eso es secundario.

Como ellos conservarían un pie en el monte y otro en el pueblo o la ciudad, cualquiera de estas adversidades tan normales en la vida política, para ellos serviría como excusa perfecta para argumentar que el Estado los engañó y deben regresar a filas para continuar su heroica lucha.

Si algunos llegan al Congreso, tratarán de desmontar tratados de libre comercio, de renegociar la explotación petrolera con las multinacionales, de expropiar tierras, industrias y todo lo que puedan, de elevar al máximo los impuestos a “la burguesía” y de buscar alianzas con los países más cerrados y retrógrados del mundo. Bueno, y si en el Congreso no consiguen los votos suficientes para aplicar por las buenas semejantes ideas, si se dan cuenta de que no es tan sencillo, ¿qué van a hacer?

Todo eso que hoy estando afuera les suena tan fácil de hacer, estando adentro no lo lograrán. Y si eventualmente algo logran, pronto se verá que esas medidas solo traerán más ruina y pobreza para el campo y las ciudades colombianas. Pero ellos, que nunca pierden una, rápidamente encontrarán la manera de pasarle la culpa al otro. Párvulos intelectuales.

Por supuesto, todo lo anterior lo sabe cada uno de ellos pero lo guarda en el fondo de su rígido cerebro. Jamás reconocería, ni ante propios ni ante extraños, que su ideología sirve para destruir pero es completamente impracticable para sacar adelante un país moderno.

Por lo pronto, que siga adelante el Gobierno, que firme un tratado de paz. Con todas sus dificultades, alguien tenía que hacerlo algún día. Y que de pronto tengamos unos cuantos meses o años de relativa paz…

Y que después veamos desfilar de nuevo hacia el monte (o hacia la delincuencia, o hacia las Bacrim) a la mayoría de esos combatientes que por su infantilismo mental no serán capaces de interpretar la vida civil ni la política en Colombia. Porque más que miedo a una derrota militar le tienen miedo a pasar a la irrelevancia, a dejar de ser divas y a que el país se olvide de ellos.
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