Para dónde vamos

     
    Para dónde vamos
     
     La lista de precandidatos a la Alcaldía es larga y no muy variada que digamos. La mayoría de las personas que han hecho explícita su aspiración se destacan más por su deseo de ser Alcalde que por la visión que tienen de los problemas y oportunidades que tiene la ciudad. Esta es la hora en que no se sabe qué piensan sobre Medellín todos esos que aspiran a gobernarnos. Lo único que está claro es que ellos quieren ser elegidos.
    Por eso decimos que la lista no es muy variada. Casi todos los que están en ella han aspirado antes a este puesto y han fracasado en su intento al menos una vez, casi todos son políticos profesionales, casi todos acostumbran dar declaraciones poco comprometedoras sobre los asuntos más delicados, casi todos están buscando un partido que los apoye en su aspiración.
    Es legítimo entonces preguntar, ¿para dónde vamos? ¿Las obras de valorización que hoy son incuestionables seguirán siéndolo el año entrante con otro gobierno? ¿Tendremos un nuevo plan para enfrentar la violencia y la inseguridad que recorre las calles de Medellín cada vez con más fuerza? ¿Continuará la urbanización de las laderas como se ha hecho hasta ahora? ¿Habrá Metroplús en El Poblado? ¿Seguirá en manos del mercado la regulación del parque automotor a pesar de los problemas ambientales y de tránsito que ha generado el aumento desmesurado del número de carros y motocicletas que circulan en la ciudad?
    Los grandes retos que enfrenta Medellín hoy son similares a los de hace 10 ó 15 años, pero a pesar de que hemos tenidos gobiernos de ideologías y maneras de proceder opuestas, o al menos diferentes, la problemática de la ciudad no cambia en lo fundamental. ¿Cuántos años hace que hablamos de los problemas de violencia y seguridad que nos aquejan? ¿Y de las carencias viales? ¿Y de valorización? ¿Y de contaminación?
    Evidentemente, en este mismo período de tiempo los gobernantes municipales han hecho muchas cosas positivas; por ejemplo, la deuda social, como la llaman los políticos, se ha empezado a pagar, pero podríamos añadir que solo hemos pagado intereses y aún no abonamos nada al capital. Sin embargo, la persistencia y el agravamiento de muchos de los problemas mencionados nos hace pensar que la dinámica de la ciudad, lo que hacemos y dejamos de hacer sus habitantes, sobrepasa por mucho las posibilidades de intervención gubernamental. No de otra manera se explica que llevemos al menos 15 años hablando de valorización y de proyectos viales, para mencionar solo algo de nuestro entorno barrial, y en todo este tiempo, a pesar de lo hecho y de la plata gastada, el problema que se quiere solucionar es cada vez más grave y la solución propuesta cada vez más cuestionada. Y lo mismo se puede decir de la violencia urbana, repetida cada generación, del desempleo endémico, de la miseria, del ruido, de la indigencia… y a pesar de eso los que aspiran a gobernarnos no nos dicen para dónde creen ellos que nos debemos dirigir y cómo llegaremos allá. Por eso nos va así.