Para comer afuera

Para empezar, les comento que participo con 14 amigos en un grupo cerrado en Facebook en el cual, personalmente, conozco a muy pocos. Desde el principio el líder me bautizó como El Cenador, presumo que por mi cercanía con la mesa y temas relacionados con la cocina. En este foro se habla de Dios y María Santísima y en estos días me dijeron: “Cenador, cuéntenos: ¿Qué busca cuando sale a un restaurante y para qué lo hace?”.
No tiene que haber una razón para salir a comer fuera de casa cuando uno está en el medio en que vive, pero si se anda de viaje sí o sí se deberá buscar un lugar donde alimentarse, no necesariamente un gran restaurante. En estos casos por lo general me dirijo a sitios conocidos o bien referenciados.
En primer lugar, busco buena compañía y sitios tranquilos, aquellos donde se puede desarrollar una conversación sin tener que elevar la voz o hacer esfuerzos auditivos extremos para poder escuchar y participar en la conversación. Evito los lugares donde lo más importante son la música y su nivel y prefiero parajes sosegados, donde el orden y el aseo invitan a entrar.
Otro factor importante es definir con anticipación cuál es la clase de comida que busco. Ahora, con la gran oferta que existe de restaurantes y sitios para comer, es fácil dirigirse a aquel que en principio atenderá nuestros deseos gastronómicos, bien sea por cocina de países o por especialidades. No es buena idea dirigirse a comer carnes en un restaurante especializado en mariscos, porque será alta la probabilidad de que me vaya mal. En particular tengo una gran desconfianza por aquellos lugares donde ofrecen de todo, en los que, de acuerdo con mi experiencia, poco será memorable.
Internet es una gran ayuda; generalmente trato de buscar por los menús de aquellos restaurantes que quiero visitar y las opiniones de clientes que han estado antes. Con los menús me tomo una idea del tipo y variedad de cocina que encontraré; muchos restaurantes acompañan fotos de sus platos, las que unas veces me pueden abrir el apetito y otras me incitan a buscar otra opción. Si los comentarios son pocos, trato de evitarlo. Con base en esta información hago una reserva.
En forma alternativa, cuando encuentro un restaurante que no conozco y que me ha sido referenciado, hago una llamada telefónica para buscar información sobre el tipo de comida, especialidades, horarios de atención, etcétera. Si las respuestas me satisfacen hago la reserva correspondiente.
Me encantan los restaurantes limpios y luminosos, aquellos donde se respetan las horas de la reserva, donde la atención es respetuosa y profesional, donde las personas que toman el pedido conocen perfectamente cada uno de los platos, saben describirlos y tienen la capacidad de generar expectativas por lo que se encontrará en el momento de traerlos a la mesa; mejor aún si sugieren un vino adecuado para acompañarlo –no necesariamente el más caro de la lista-, y si en la casa existe la opción de vinos por copas.
Detalles adicionales importantes son copas y vasos relucientes, vajillas y cubiertos impecables en cuanto a su estado y finura, oferta de panes de buena calidad, detalles de buen gusto como flores en las mesas o floreros en los mostradores, las que sirven para alegrar el ambiente.
Llegado el momento de la comida valoro un servicio razonablemente rápido, con los platos cocidos de acuerdo con los cánones y el gusto del cliente, si este solicitó algo especial. La cocina debe trabajar con productos muy frescos. Qué mala imagen que me dan aquellos sitios donde todo está precocido y se pasa por el microondas para traerlo a la mesa, u otros donde todo está hecho a base de alimentos procesados o enlatados.
Estos y muchos más detalles son los que busco cuando salgo a comer afuera. Hay un elemento final bien importante: una cuenta bien hecha, en la que su listado y precios correspondan a lo ofrecido por el menú y ordenado por la mesa. Por último, no se debe olvidar que la propina es optativa y que en principio debe ser acorde con lo recibido y que una opinión amable acerca de la experiencia –bien sea positiva o negativa- siempre será bien recibida.
Comentarios y sugerencias pueden dirigirse a alvaronenator@gmail.com
Buenos Aires, Agosto de 2012.
opinion@vivirenelpoblado.com