Palabras que son balas

Por Adriana Mejía
Por Adriana Mejía / Etcétera / opinion@vivirenelpoblado.com

Twitter, por ejemplo, es un campo minado. Cualquier tuitero, sin apretar el gatillo, puede herir o matar a alguien. Allí los energúmenos de todas las causas se dan silvestres.

No sé si vio el video en el que la candidata a la alcaldía de Suárez (Cauca), Karina García Sierra, denuncia las amenazas que recibía por cuenta de las fake news que contradictores suyos echaron a rodar. Las intenta desvirtuar y hace un llamado conmovedor para que se baje el tono a las campañas y su integridad sea respetada.

De nada sirvió, a los pocos días la mataron, junto con las cinco personas que la acompañaban.Yo sí lo vi varias veces, me estremeció comprobar hasta dónde hemos llegado los colombianos. Hasta qué punto nos ha comido el coco ese monstruo que hemos creado con las redes sociales. Con el uso perverso que hacemos de ellas.

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(Ahora sí se anuncian exhaustivas investigaciones. ¿Por qué antes no? ¿Esperaban acaso, las autoridades, que los hechos le dieran la razón a Karina? Pues se la dieron. Agarrarán algún día a quienes perpetraron la masacre, seguro. Pero… ¿y los que la incitaron? Tan campantes seguirán creando tendencias y disponiendo de vidas ajenas).

“Nunca vaya a pensar con las yemas de los dedos”, me dijo un maestro del periodismo en mis inicios. Creí que era un llamado de atención por la velocidad con la que aporreaba el teclado de mi computador. No. Al tiempo descubrí que ese consejo que nadie me había dado en la universidad, se refería a que en el proceso de sentarse a escribir, primero hay que pararse a reflexionar. Para que lo que digamos tenga sustancia. Y para que las palabras –la materia prima más valiosa con la que contamos para comunicarnos-, no terminen convertidas en ráfagas de fusil.

Tal como sucede en Twitter, por ejemplo; un campo minado en el que por donde se pisa salta la metralla. Con 140 caracteres –a veces 280-, basta para que cualquier tuitero –de carne y hueso o troll- cruce la línea roja. Sin apretar el gatillo, puede herir o matar a alguien. En sentidos figurado y literal, los energúmenos de todas las causas se dan silvestres. Y siempre están listos para pasar del dicho al hecho.

Y la justicia, bien gracias; apenas comienza a reaccionar con timidez. Hace pocos días un juez de Dosquebradas (Risaralda) condenó a @antipopulimos a pagar la irrisoria multa de cinco millones de pesos, por amenazas proferidas contra columnistas, caricaturistas, magistrados. Con trinos como este que reproduzco textualmente con todo y errores gramaticales: “@CorteSupremaJ señores magistrados recuerden que hoy se les acaba el plazo para dejar a @AlvaroUribeVel en paz de lo contrario mataremos magistrados cuantos magistrados mataremos por día? Tres al día”. Impresentable.

Es el odio, el nuevo Cid Campeador de nuestros pastizales.
Para fomentarlo están los influenciadores que con su agresividad verbal igualan y superan la que pretenden denunciar o combatir. Para muestra este botón de @GustavoBolívar: “Cínico, sicópata, sinvergüenza. Y demándeme que quiero pelear o máteme, como quiera. Esto que hizo con La Paz no se borrará jamás de la historia negra de Colombia que los jóvenes de hoy se encargarán de escribir. Ahí tiene #LaNuevaGuerrilla de las Farc en armas #UribeMalditoSeas”. Impresentable.

¿Qué esperar de un país que no sabe disentir? Puesss…, las malas noticias con las que nos levantamos todos los días.

Etcétera: ¡Ay paz! Con semejantes palomas, para qué gavilanes.

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