Palabras amarillas en un grado

  Por: José Gabriel Baena  
 
Sí, la sabiduría sobre la vida es un asunto chino, basta ahondar en alguno de los antiguos “Tratados” cuando se siente que el ánima flojea, para tensionar la carpa corporal y equilibrar el trapecio del espíritu. Hacia 1600 Cervantes escribía la segunda parte del Quijote, mientras en la China otros sabios como Li Liweng y Huang Tsungshi dejaban en bellos pergaminos ilustrados sus frases “sobre el estar aquí”. Actualicemos algunas de ellas sobre el Gobierno, la Pobreza y la Riqueza, y aprenderemos un poco más de lo que no sabemos ahora ni sabremos nunca.
* En los tiempos prehistóricos, cada cual trabajaba para él y para sus intereses privados y nadie pensaba en el bien público o en combatir un mal común. Luego vinieron los reyes, que trabajaban para el bien público y no para sí mismos, decían. Se creía que los reyes trabajaban mil veces más que la gente, sin obtener beneficio alguno. Era propio de la naturaleza humana, en aquella eras, no gozar con esa posición, que muchos asumían como obligatoria. Pero los tiempos fueron cambiando, y con los siglos y las guerras y las vanidades y vicios se establecieron las Casas Reales, que gobernaron inmensos territorios que les pertenecían de nacimiento, y sus vasallos debían pagarles onerosos tributos. Hubo Casas Reales que plagaron medio planeta, como en España e Inglaterra hasta años muy recientes. Todavía hay Realeza en mucho país, aunque son regidos por Parlamentos y Ministros, y todavía se sufren orgasmos periodísticos cuando se mueren el Rey o la Reina o la Princesa, o se les casan los infantes, etc. Y medran como parásitos los condes, marqueses, duques, etc., con sus riquezas y sus prebendas inmortales, y a nadie se les ocurre que habría que cortarles la cabeza a todos de una buena vez, pero sería una falta absoluta de elegancia y de buenas maneras. Cuando no quedaban muchos reyes, en el siglo 19 se elevaron como negras aves de rapiña los empresarios capitalistas, los ricos de hoy, que tampoco ceden un ápice de sus derechos, porque ellos nacieron así y para ellos nadar en la riqueza es su estado natural, pero también sabemos que hay mucho ciudadano rico de quién no se sabe de dónde le vino su dinero. La magnitud de los misterios de Dios, aunque no exista, es infinita.
* Los pobres de naturaleza nunca comprenderemos a los ricos, ni sabremos por qué viven tan preocupados y rodeados de tantos espadachines. Desde que nacimos a mitades de la última dinastía se ha comentado que los malditos y sanguinarios bárbaros que van a acabar con los ricos ya vienen del norte, del sur, del este y del oeste. Y nunca han llegado ni llegarán, porque los principales bárbaros, que eran los incomprensibles chinos amarillos, ya son más ricos que todos los ricos de la tierra y no les interesa ir a la selva a ser mordidos por los zancudos. Hay que ir a hacerles la venia por allá, a Beijing. En fin, parece que es difícil ser feliz siendo rico. Pero enseñar a los ricos a que disfruten la vida es simplemente invitarlos a que gasten su dinero, lo que es casi imposible en el mejor de los casos. Cuando se piensa en dinero se piensa en administrarlo para que aumente, para tener más. Y entonces desaparece la paz del espíritu y aparecen los robos y los apuñalamientos. Y si nos vamos de viaje largos meses, huyendo de la maldad de estas tierras, siempre extrañaremos nuestra esterilla de verano junto a la piscina y las doncellas que vienen a refrescarnos el cuerpo. La riqueza nos hace el blanco de la envidia hasta que tenemos la impresión de que nadie nos quiere. El chino Liweng dice que es mejor ser pobre que rico, sabiendo cómo. El arte de ser feliz siendo pobre consiste en una sola frase, pensar en que “podría ser peor”: Soy pobre y humilde, pero hay quienes son más pobres y humildes que yo, como ustedes. Es un modo de mirar las cosas. ¿Será que no hay modo de ser feliz cuando se posee una gran fortuna? El secreto principal es no seguir buscando más y empezar a dar de lo que tenemos. Esto ofrecería un agudo contraste con lo que hacen los ricos de alma dura de hoy. Los ricos, nosotros, ellos, ya tenemos suficiente con nuestras diversiones, música, mujeres, hermosas villas y fiestas, y darles algo de eso a los pobres podría lograrse sin mucho trabajo y pondría fin a las envidias y hostilidades. Oír las palabras de agradecimiento de los pobres es como tener dos orquestas y más; cuando se reciben honores y recompensas del gobierno, nuestro nombre pasa a la posteridad. Obtenemos así honor y contentamiento. Y un clima espléndido estará garantizado para todos.
Sí, la sabiduría sobre la vida es un asunto chino, basta ahondar en alguno de los antiguos “Tratados” cuando se siente que el ánima flojea, para tensionar la carpa corporal y equilibrar el trapecio del espíritu. Hacia 1600 Cervantes escribía la segunda parte del Quijote, mientras en la China otros sabios como Li Liweng y Huang Tsungshi dejaban en bellos pergaminos ilustrados sus frases “sobre el estar aquí”. Actualicemos algunas de ellas sobre el Gobierno, la Pobreza y la Riqueza, y aprenderemos un poco más de lo que no sabemos ahora ni sabremos nunca.

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