Oportunidad soñada

     
     

    Oportunidad soñada 

     
       
     

    Cuentan que Sara se convirtió en estatua de sal. Miró atrás porque tenía curiosidad de ver cómo Sodoma y Gomorra eran destruidas o porque no quería dejar la ciudad de la que Lot la hacía huir.
    Mirar atrás no siempre es bueno, es muchas veces la forma cómo se apega uno a viejos comportamientos, y en ese no querer avanzar simplemente nos quedamos pegados como estatuas de sal. Otras veces voltear es lo correcto. Pues en esa mirada se toma el impulso para cambiar.
    Hoy, cuando la ciudad va a celebrar nuevamente una semana de Fiesta de la Flores es necesario volver la mirada y, con la frialdad que permite la distancia y sin juzgar a nadie, pensar qué ha pasado otras veces para huir como de la peste de esos males y avanzar a un nuevo mundo.
    Desde hace unos años, cuando la fiesta se amplió en cobertura, la ciudad se volcó a una bacanal donde lo que impera es la vulgaridad y la mediocridad. Una fiesta que poco aporta a los ciudadanos y que al contrario llena las calles de borrachos y tumultos peligrosos.
    Asumir fiesta con borrachera es una de las características de lo paisa, y debería ser deber de las autoridades modificar ese paradigma y hacer de estas fechas días memorables para las familias, para el encuentro, para el civismo. Para crecer cómo ciudadanos.
    Quienes no aprenden de la historia, están condenados a repetirla.